Septiembre: Mes de la prevención del suicidio
Septiembre nos recuerda algo que no debiéramos olvidar durante el resto del año: la prevención del suicidio también comienza en nuestro entorno, en la familia, entre los amigos, en el trabajo, en el colegio, en el barrio y muchas veces comienza con algo tan sencillo como preguntar: “¿Cómo estás de verdad?” no como una simple pregunta, sino como espacio para abrir una puerta de información hacia lo que otro está sintiendo en verdad.
Hablar de suicidio sigue siendo difícil, nos incomoda, nos asusta y muchas veces no sabemos qué decir. Por eso, frente a alguien que vemos triste, aislado, irritable o distinto a como era habitualmente, podemos cometer el error de pensar que es mejor no meterse, que “ya se le va a pasar” o que quizás estamos exagerando, pero justamente ahí puede estar una oportunidad para acompañar.
Este 10 de septiembre se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, y el llamado que se ha hecho este año en nuestro país es claro: identificar las señales, escuchar y acompañar y entonces ¿a qué señales de deberíamos estar atentos?
No existe una única señal que permita saber que una persona está pensando en suicidarse, pero sí hay cambios que debemos tomar en serio, especialmente cuando son nuevos, intensos o se acumulan. Por ejemplo, alguien que comienza a aislarse de sus amigos o familia, deja de disfrutar cosas que antes le gustaban, presenta cambios importantes en el sueño o la alimentación, se muestra permanentemente cansado, desesperanzado, muy irritable o comienza a hablar de sentirse una carga para los demás.
También debemos prestar atención cuando una persona habla de no encontrar salida, de que su vida ya no tiene sentido, de querer desaparecer o de no querer seguir viviendo. Las autolesiones, las conductas muy riesgosas o determinadas formas de despedida también son señales que requieren atención.
Quizás uno de los mayores mitos es pensar que preguntarle directamente a alguien si ha pensado en suicidarse puede “darle la idea” cuando no es así, por eso si una persona nos preocupa, podemos comenzar con algo distinto: “Te he visto distinto últimamente, ¿Cómo estás?” Y si expresa desesperanza, dolor emocional o habla de querer morir, podemos preguntar directamente: “¿Has pensado en hacerte daño?” O incluso: “¿Has pensado en suicidarte?”
Preguntar no significa juzgar, tampoco significa que tengamos que encontrar inmediatamente una solución, muchas veces lo primero que una persona necesita es sentir que alguien se dio cuenta, que alguien la está escuchando y que no tiene que enfrentar sola aquello que está viviendo.
Escuchar también es ayudar, cuando alguien nos cuenta que está sufriendo, nuestro primer impulso puede ser intentar solucionar el problema. “Pero tienes que ser fuerte” “Piensa en tus hijos” “Todo va a mejorar” “Hay personas que están peor” Aunque estas frases puedan decirse con buena intención, pueden hacer que la persona sienta que no está siendo comprendida. A veces es mucho más útil decir: “Gracias por contármelo” “No tienes que pasar por esto solo” “Estoy aquí para escucharte” Y, sobre todo, no dejar sola a una persona si creemos que existe un riesgo inmediato.
La prevención no significa que cada vecino, amigo, compañero de trabajo o familiar tenga que convertirse en psicólogo. Significa aprender a reconocer cuándo algo no está bien, atreverse a preguntar y ayudar a conectar a esa persona con quienes pueden entregarle atención profesional. En Chile existe una línea de prevención del suicidio *4141, “No estás solo, no estás sola”, que entrega apoyo profesional, gratuito y confidencial las 24 horas, todos los días, desde teléfonos móviles, porque estar atentos también es una forma de cuidar.
