A veces llamamos “falta de disciplina” a lo que en realidad puede ser una dificultad para regular emociones: aburrimiento, ansiedad, frustración, miedo al fracaso o incomodidad frente a una tarea.
“Me falta disciplina”. “Soy flojo”. “¿Por qué no puedo simplemente hacerlo?” Son algunas de las frases que aparecen cuando procrastinamos. Y, probablemente, también algunas de las más injustas.
Porque procrastinar no siempre significa que no queramos hacer algo. A veces significa que hacerlo nos hace sentir algo que no sabemos cómo gestionar. Entonces buscamos alivio, abrimos el celular, revisamos un mensaje, ordenamos la casa, hacemos cualquier cosa que nos permita postergar aquello que nos incomoda y esto funciona, al menos durante unos minutos pero el problema aparece después: cuando vemos que la tarea sigue ahí, pero ahora viene acompañada de culpa, autocrítica y una nueva sensación de fracaso. Y el ciclo vuelve a comenzar.
No hago lo que tengo que hacer → me siento mal → evito sentirme mal → procrastino → me culpo → me siento peor.
Por eso, quizás la pregunta no sea solamente: “¿Cómo puedo ser más disciplinado?” sino también “¿Qué estoy sintiendo que hace que necesite escapar de esta tarea?”
Abordar la procrastinación desde una mirada integral implica trabajar en distintos niveles:
EMOCIONAL: Nombra lo que estas sintiendo
Antes de obligarte a actuar, pregúntate: ¿qué siento cuando pienso en esta tarea? Identificar la emoción puede disminuir su poder y permitirte responder en lugar de reaccionar.
MENTAL: Hazlo mas pequeño
La mente se bloquea frente a lo enorme y ambiguo. En lugar de “tengo que terminar el proyecto”, prueba con “durante diez minutos voy a abrir el documento y escribir el primer párrafo”, el cerebro solo registra control cuando lo ve escrito. No necesitas resolverlo todo, necesitas comenzar.
FÍSICO: Regula primero, hazlo después
Tratar de pensar una salida en un estado de activación probablemente no nos llevara a ninguna solución eficiente, entonces detenerte y hacer una pausa como una caminata breve, respirar lentamente, estirarte, tomar agua o alejarte unos minutos de la pantalla puede ayudarte a recuperar un estado de tranquilidad, desde el cual sea más fácil actuar.
ESPIRITUAL: Conecta con él para que
Pregúntate: ¿para qué quiero hacer esto? ¿Qué valor personal hay detrás? Cuando una acción deja de ser solamente una obligación y se conecta con algo que consideramos importante, puede cambiar nuestra relación con ella.
La clave no es utilizar estas herramientas para exigirte todavía más, es aprender a regularte lo suficiente como para poder elegir, incluso cuando aparece la incomodidad. Porque la disciplina no consiste en no sentir resistencia, consiste, en aprender a convivir con ella sin que tenga que decidir por nosotros. Y desde ahí, en lugar de preguntarte “¿qué me pasa que no puedo?”, puedes empezar a preguntarte: “¿Qué necesito para poder hacerlo?” Esa pregunta cambia el punto de partida.
“Si quieres profundizar en este enfoque integral, te invito a visitar mi página web y a seguirme en redes sociales donde comparto contenido que puede ayudarte a comprender donde estas”
