Saber más no significa sentirnos mejor
Nunca habíamos hablado tanto de salud mental como hoy, ni habíamos tenido tanta información disponible sobre este tema, Podcasts, redes sociales, libros e ifluencers nos hablan de diversos temas psicológicos, pero paradojalmente estamos viviendo un momento histórico de aumento de problemas de salud mental.
Y es que saber mas no es necesariamente sentirnos mejor, ya que el exceso de información tiene a nuestros cerebros sobreestimulados, llevándonos a sentir más ansiedad, stress, sensación de burnout y vacío, porque entender lo que nos pasa y saber cómo solucionarlo son cosas diferentes.
Sabemos la importancia de reconocer nuestras emociones, conocer nuestros límites, identificar aquello que nos hace daño y comprender cómo nuestras experiencias pueden influir en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Y eso, sin duda, es un avance. Podemos leer sobre ansiedad y reconocer perfectamente sus síntomas, podemos identificar nuestras inseguridades, comprender nuestros patrones de conducta y hasta tener una explicación bastante clara de por qué reaccionamos de determinada manera y sin embargo, podemos seguir sintiéndonos mal.
Saber más ayuda, pero el exceso de información sin guía, sumado a una forma cada vez mas aislada de vivir, conectados al celular gran parte de las horas del día, nos puede llevar a querer resolverlo solos, en una forma de autoayuda que no cumple su propósito, porque estos procesos también requieren acompañamiento de un especialista.
Piénsalo así, cuando te sientes mal físicamente no dudas en consultar a un médico, entonces, no sería lógico que también lo hiciéramos con los temas de salud mental. No caigamos en la trampa de que, porque algunos síntomas psicológicos no son tan evidentes al comienzo, los dejemos a un lado hasta que ese mismo boomerang sea el que le pegue a tu cuerpo, ya que lo que se guarda emocionalmente, puede expresarse, tarde o temprano en síntomas físicos.
El autoconocimiento es clave, entender lo que sentimos nos permite tomar mejores decisiones, cuidar nuestras relaciones y, muchas veces, dejar de repetir patrones que nos hacen daño, pero para que rinda frutos, es vital que nos acompañemos de un experto.
Es en el vínculo con un terapeuta y en la sólida construcción de un vínculo contigo mismo, que puedes recuperar la confianza perdida, esa base que te sostiene para ir a explorar la profundidad de tus dolores psicológicos, en compañía de alguien que te ayude a entender y desenredar lo que te abruma. Hacerlo solo, basándote en el bombardeo de información que te llega, es un proceso que puede llevarte al autovoicot, porque si resulta muy incómodo hacer esa exploración, y no tienes con quien compartir lo que sientes realmente, la tendencia puede ser “mejor evito sentirlo”.
Y un punto crítico, para saber cuándo pedir ayuda, es cuando una dificultad se mantiene en el tiempo, se intensifica o comienza a limitar nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestros estudios o nuestra capacidad de disfrutar, siendo esencial en ese momento la pregunta ¿quizás ya no sea suficiente con seguir buscando respuestas por mi cuenta?
No necesitamos tocar fondo para consultar, no es necesario esperar a que una crisis sea evidente para pedir orientación, a veces basta con reconocer: “Esto lleva demasiado tiempo afectándome y no sé cómo manejarlo”.
Pedir ayuda no significa que hayamos fracasado en nuestro proceso de autoconocimiento, todo lo contrario, significa la grandeza de reconocer que abrirme a recibir ayuda es algo que merezco para alcanzar mi bienestar y que hay situaciones que se enfrentan mejor con acompañamiento profesional.
