La cantidad de visas H-1B1 otorgadas a profesionales chilenos aumentó con fuerza después de la pandemia y se mantiene por encima de las dos mil emisiones anuales, consolidando una vía laboral poco conocida para acceder al mercado estadounidense.
De acuerdo con las cifras publicadas por Diario Financiero, las visas nuevas y renovadas pasaron de 546 en 2020 a 1.097 en 2021. Posteriormente, superaron las dos mil en 2023 y se mantuvieron sobre ese nivel hasta 2025. En los últimos cinco años se concentró casi el 60% de las cerca de 15.200 visas emitidas desde que el programa comenzó a operar en 2004.
La categoría H-1B1 nació con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos y está disponible exclusivamente para ciudadanos chilenos y singapurenses. Su objetivo es permitir el ingreso temporal de profesionales contratados para desempeñarse en ocupaciones especializadas.
Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, quienes postulan deben contar, en términos generales, con un título universitario o experiencia equivalente en el área de especialización. También necesitan una oferta de empleo relacionada con su formación profesional.
La expansión del programa contrasta con sus primeros años. Hasta 2014, la cantidad anual de visas H-1B1 entregadas a chilenos no alcanzaba las 500, lo que mostraba un uso todavía acotado del beneficio incluido en el acuerdo comercial.
Entre los factores que explicarían el crecimiento se encuentra una mayor difusión del mecanismo entre profesionales y empresas estadounidenses. También ha influido el aumento de chilenos que realizan estudios de posgrado en Estados Unidos, instancia que facilita la creación de redes laborales y el acceso a procesos de contratación.
El principal obstáculo sigue siendo conseguir una oferta concreta. Las empresas evalúan la experiencia, la especialización, el manejo del inglés y la competitividad de cada candidato frente a postulantes de distintos países. La visa no funciona como un permiso general para viajar a buscar trabajo, sino como una autorización asociada a un cargo profesional específico.
Una alternativa distinta a la H-1B tradicional
Una de las principales ventajas de la H-1B1 es que su procedimiento es distinto al de la visa H-1B tradicional.
La H-1B general se encuentra sujeta a cupos y, debido al volumen de postulaciones, utiliza un sistema de selección. La H-1B1 para chilenos, en cambio, puede tramitarse directamente por vía consular y no requiere, en su procedimiento habitual, una petición previa del empleador ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos. El propio Departamento de Estado la clasifica como una visa no basada en petición.
Esa diferencia puede reducir los plazos y las cargas administrativas para las compañías interesadas en contratar profesionales chilenos. Aun así, el empleador debe cumplir las exigencias laborales correspondientes y respaldar que el puesto requiere conocimientos especializados.
La visa se otorga para trabajar temporalmente y puede renovarse. El calendario de reciprocidad del Departamento de Estado establece para los ciudadanos chilenos una visa H-1B1 de entradas múltiples y con una vigencia documental de hasta 18 meses, aunque la permanencia autorizada y las condiciones laborales dependen de la decisión migratoria aplicable a cada caso.
La demanda laboral estadounidense se concentra principalmente en ocupaciones tecnológicas. Según los antecedentes recogidos por Diario Financiero, en 2025 el 62% de las visas asociadas a ocupaciones especializadas correspondió a informática y tecnologías de la información. Más atrás se ubicaron arquitectura e ingeniería, educación, negocios y salud.
La remuneración mediana anual de estas ocupaciones alcanzó los US$133 mil, mientras que en informática llegó a US$140 mil, de acuerdo con las cifras citadas por el medio. Estos montos ayudan a explicar el atractivo del mercado estadounidense para profesionales con formación técnica y dominio del inglés.
El crecimiento también abre una discusión sobre la salida de capital humano calificado. Mientras la experiencia en el extranjero puede traducirse en nuevas redes, conocimientos e inversiones futuras, la permanencia prolongada de profesionales fuera de Chile puede afectar a sectores que ya enfrentan dificultades para atraer especialistas.
El desafío para el país no consiste necesariamente en impedir esa movilidad, sino en generar condiciones para que la experiencia adquirida pueda posteriormente vincularse con la economía chilena mediante retornos profesionales, emprendimientos, inversiones o colaboración con empresas locales.
Pese al aumento registrado, la H-1B1 continúa siendo menos conocida que otras visas de trabajo. Para muchos candidatos, la principal barrera no está en la existencia del programa, sino en lograr que una empresa estadounidense comprenda sus características y esté dispuesta a contratar a un profesional que se encuentra fuera del país.
La tendencia posterior a la pandemia demuestra, sin embargo, que cada vez más chilenos están utilizando una herramienta creada hace más de dos décadas y que hoy se consolida como una alternativa concreta de desarrollo profesional.