“Cuando la mente se satura, la salida no está en pensar más, sino en recuperar presencia.”
Te ha pasado sentir que no piensas con claridad, como cuando en días fríos aparece una niebla que no te deja ver lo que hay más adelante, esto ha sido llamado niebla mental y hace que nos cueste concentrarnos, que olvidemos cosas simples, que tengamos que volver a leer mensajes o correos y sentir que cualquier decisión requiere un esfuerzo excesivo.
La explicación suele buscarse en la falta de organización o en una supuesta debilidad personal. Sin embargo, muchas veces la causa es más simple: una mente saturada por exceso de estímulos, información, demandas y disponibilidad permanente y por ende una mente enteramente conectada con el mundo externo pero desconectada del mundo interno.
Sin embargo “no podemos resolver un problema desde el mismo nivel de conciencia en que fue creado” así que cuando intentamos aclarar la niebla mental agregando más esfuerzo, más información o más horas de conexión, para así cumplir con las exigencias, solemos profundizar el problema. La niebla mental tiene una particularidad: nos deja atrapados en la cabeza, dando vueltas en los mismos pensamientos y analizando una y otra vez los problemas para intentar encontrar respuestas con una mente que ya está agotada.
La claridad aparece cuando cambiamos de estado mental, no cuando aumentamos la presión, por eso, muchas prácticas psicológicas y contemplativas sugieren un movimiento distinto: salir del pensamiento para volver al cuerpo. Caminar, prestar atención a la respiración, sentir los pies en el suelo, hacer ejercicio o simplemente observar el entorno son formas de recuperar presencia y ayudan a crear un estado de conciencia desde el cual es posible mirar los problemas con mayor claridad. Es en el cuerpo, donde podemos equilibrar nuestra energía y modificar un sistema nervioso en alerta por uno que está en calma con prácticas como la meditación, la coherencia cardiaca y la activación de la glándula pineal, para recuperar atención plena en un mundo que no se detiene en cuanto a su velocidad.
Cuando el cerebro permanece demasiado tiempo respondiendo mensajes, resolviendo problemas, tomando decisiones y procesando información, comienza a operar en modo de supervivencia y el modo supervivencia apaga temporalmente partes de nuestro cerebro como la corteza prefrontal, entonces nuestra capacidad de análisis disminuye y aparece esa sensación de estar presentes físicamente, pero ausentes mentalmente.
Es precisamente en ese momento cuando surge un impulso que muchos conocen bien: desaparecer un rato, no contestar teléfono, no responder y cancelar planes, que lejos de ser un acto de irresponsabilidad, puede interpretarse como una señal psicológica de autorregulación pero no tenemos que llegar al extremo de desconectarnos si en el día a día, cultivamos espacios de reseteo. La mente busca recuperar espacio para reorganizarse ya que se despeja cuando dejamos de exigirle respuestas y recordamos que también habitamos un cuerpo. Así que no todo problema se resuelve pensando más; algunos comienzan a resolverse cuando volvemos a estar presentes.
