Hay fechas que parecen tener memoria propia. El 4 de septiembre es una de ellas.
Para muchos chilenos, esa fecha quedó asociada al al triunfo del rechazo en el plebiscito constitucional de 2022. Triunfo frente quienes querían refundar, paradójicamente, nuestro país. La izquierda, conmemora el triunfo de Salvador Allende y su proyecto marxista en 1970. Pero un 4 de septiembre, Chile había vivido otro momento decisivo: en 1811, José Miguel Carrera irrumpía en la escena política nacional y comenzaba a convertirse en una de las figuras centrales —y más controvertidas— de nuestra Independencia. Diez años después exactamente, el 4 de septiembre de 1821, a las 11:15 de la mañana, José Miguel Carrera fue fusilado en Mendoza. Tenía apenas 35 años.
Carrera no fue solamente un militar que combatió contra los realistas. Fue, antes que nada, un hombre convencido de que Chile debía dejar de ser una periferia de la monarquía española y comenzar a construir sus propias instituciones.
Cuando regresó a Chile en 1811, el proceso independentista todavía estaba lejos de ser una certeza. Muchos criollos seguían siendo leales al rey. Carrera pertenecía a una minoría que comenzaba a pensar en términos de autonomía, soberanía y, progresivamente, de república liberal. Su carácter individualista y transgresor lo llevó a enfrentarse con otros patriotas, especialmente con Bernardo O’Higgins, pero también lo empujó a acelerar transformaciones que terminarían siendo fundamentales para la formación del Estado chileno.
El 4 de septiembre de 1811, exactamente diez años antes de su muerte, los hermanos Carrera protagonizaron el movimiento que cambiaría la correlación de fuerzas dentro del Congreso. Entre las reformas impulsadas estuvieron la eliminación de la venta de cargos de los cabildos, planes educacionales, la abolición de derechos parroquiales y la Libertad de Vientres, que establecía que los hijos de mujeres esclavizadas nacidos en Chile serían libres.
Pero quizás la mayor huella política de Carrera está en 1812.
Bajo su gobierno se promulgó el Reglamento Constitucional Provisorio, considerado el primer texto constitucional chileno. El documento reconocía formalmente a Fernando VII, pero afirmaba la autonomía política del territorio y establecía instituciones propias. Era una fórmula todavía ambigua en términos de independencia, pero significaba algo revolucionario para su tiempo: Chile comenzaba a darse sus propias reglas.
Carrera entendía que una nación no se construye solamente con fusiles. Declaró la Libertad de Vientres, fomentó la apertura comercial y declaró la libertad de comercio con todas las naciones impulsando al mismo tiempo, vínculos con Estados Unidos. Todo eso permite mostrar que su proyecto no era únicamente militar, sino también político y cultural.
Durante esos años aparecieron los primeros símbolos patrios, incluida la bandera de la Patria Vieja, confeccionada, puntada a puntada, por las manos de Doña Javiera Carrera en el jardín de su estancia de El Monte. Se instaló una imprenta, se impulsó la educación, y comenzó a circular la Aurora de Chile, dirigida por fray Camilo Henríquez, primer periódico nacional y una poderosa herramienta para difundir las ideas independentistas.
También bajo ese impulso se fundaron instituciones que sobrevivirían largamente a la Patria Vieja: el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional, en 1813. La apuesta era clara: si Chile quería ser libre, necesitaba ciudadanos capaces de sostener esa libertad.
Su mirada tampoco estaba encerrada en las fronteras del territorio. Carrera buscó apoyo en Estados Unidos y estableció vínculos con representantes norteamericanos. Años después viajaría nuevamente a ese país para conseguir recursos destinados a su proyecto de reconquista de Chile.
Carrera aparece con sus contradicciones, las contradicciones propias del encuentro de los ideales con la realidad y la necesidad de crear bases e instituciones sólidas para asentar las ideas que dieron forma a la patria, cimentando su obra. Quería libertad, pero ejerció el poder de manera autoritaria. Promovió reformas ilustradas y republicanas, pero utilizó golpes de fuerza para imponerlas. Fue un impulsor de instituciones, pero también un caudillo que concentró poder.
Carrera fue un revolucionario de su tiempo: impulsivo, ilustrado, nacionalista, ambicioso y profundamente convencido de que Chile debía decidir su propio destino.
Después de Rancagua, el exilio y la muerte de sus hermanos Juan José y Luis en Mendoza en 1818, profundizarían su enfrentamiento con quienes habían terminado imponiéndose dentro del proceso independentista. Carrera intentó regresar a Chile, pero fue derrotado, capturado y finalmente ejecutado.
El hombre de El Monte, que incubó la idea de Chile como una nación. El montino que, junto a sus hermanos puso en circulación las ideas liberales que esbozaron los conceptos que dieron forma a la nación chilena, terminó muriendo lejos de ella, ejecutado por quienes alguna vez habían compartido la causa de la emancipación.
Pero sus proyectos sobrevivieron a su derrota. Un 4 de septiembre de 1821 murió José Miguel Carrera. Un 4 de septiembre Chile dijo Rechazo y salvó el legado de quien había sido fusilado 205 años antes.
Sobrevivió la bandera. Sobrevivió la idea de instituciones propias. Sobrevivió la República Liberal. Sobrevivieron la prensa, la educación y la aspiración de que los chilenos fueran protagonistas de su propio destino. Sobrevivieron las ideas que se gestaron en El Monte de mano de los hermanos Carrera.
José Miguel Carrera fue fusilado. sus hermanos, Juan José y Luis, fueron ejecutados 3 años antes. Javiera vivó hasta los 81 años. Pero para entonces ya se había puesto en marcha algo mucho más grande que él: la idea de que Chile podía dejar de obedecer y comenzar a gobernarse a sí mismo con instituciones que reconocieran la libertad de todos sus ciudadanos.