El Mundial 2026 no será uno más.
Por primera vez en la historia, la Copa del Mundo tendrá 48 selecciones, 104 partidos y se jugará en tres países distintos: México, Estados Unidos y Canadá. La FIFA lo presenta como la edición más grande del torneo, y no es solo una frase de marketing. El campeonato cambia de escala, de formato y también de relato.
La cita comenzará el 11 de junio de 2026, con el partido inaugural entre México y Sudáfrica en Ciudad de México, según el calendario oficial publicado por la FIFA. La final se disputará el 19 de julio en el área de Nueva York/Nueva Jersey, en el MetLife Stadium.

En total, serán 16 ciudades sede repartidas entre Norteamérica: 11 en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá. El Mundial ya no se concentrará en un solo país ni en una región compacta. Esta vez será un torneo continental, con viajes largos, distintos husos horarios, estadios enormes y un nivel logístico que también pondrá a prueba a la organización.
Un Mundial que cambia de tamaño
El cambio más evidente está en el número de selecciones.
Desde Francia 1998, el Mundial se jugaba con 32 equipos. Para 2026, la FIFA decidió ampliarlo a 48, una modificación que abre la puerta a más países, más historias y más partidos. El torneo tendrá 12 grupos de cuatro selecciones, y luego una fase de eliminación directa que comenzará en dieciseisavos de final.
En la práctica, eso significa que más selecciones podrán competir en el escenario más importante del fútbol. Para algunas será la oportunidad de debutar. Para otras, el regreso después de años fuera del torneo. Y para las potencias, una exigencia distinta: más partidos, más desgaste y menos margen para administrar una Copa que se extenderá por más de un mes.
La expansión también abre una discusión inevitable. Para la FIFA, el nuevo formato democratiza el Mundial y permite que más países participen de la fiesta. Para sus críticos, también responde al negocio: más partidos, más audiencias, más derechos de transmisión, más entradas y más presencia global.
Probablemente ambas cosas sean ciertas. El Mundial 2026 será más inclusivo, pero también mucho más grande como producto.
Las figuras: entre leyendas y nuevos goleadores
La foto que circula en redes sobre los máximos goleadores en los últimos partidos con sus selecciones resume bien una parte del atractivo del torneo: este Mundial tendrá figuras de generaciones muy distintas conviviendo en el mismo escenario.
Estarán los nombres que han marcado una época, como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, posiblemente ante una de sus últimas grandes vitrinas mundialistas. También estarán futbolistas que llegan en plena madurez, como Kylian Mbappé, Harry Kane, Lautaro Martínez o Memphis Depay.
Y aparecen otros nombres que reflejan el recambio del fútbol europeo, como Erling Haaland y Viktor Gyökeres, delanteros que han convertido el gol en una especie de rutina, pero que todavía deben trasladar ese peso goleador al escenario más exigente de todos.
Ahí está una de las gracias de este Mundial: no solo se jugará la Copa. También se cruzarán relatos. Messi defendiendo el lugar de Argentina como campeona del mundo. Mbappé buscando volver a ponerse en el centro después de dos finales mundialistas consecutivas. Cristiano intentando estirar su historia con Portugal. Haaland tratando de transformar su poder individual en una campaña grande con Noruega.

Favoritos, presión y anfitriones
Argentina llegará como campeona vigente, después de levantar la Copa en Qatar 2022. Eso la instala de inmediato entre las selecciones a mirar, aunque el desafío será distinto: defender un título suele ser más difícil que ganarlo.
Francia aparece otra vez como una potencia natural. Su generación sigue siendo una de las más profundas del mundo y Mbappé continúa siendo una figura capaz de cambiar un partido en cuestión de segundos. Brasil, España, Inglaterra, Alemania y Portugal también entran en el grupo de selecciones que, por historia, plantel o presente, difícilmente pueden escapar de la conversación.
Pero este Mundial tendrá un ingrediente extra: los anfitriones.
México jugará en casa y abrirá el torneo en una ciudad que respira fútbol. Estados Unidos tendrá la presión de demostrar que su proyecto futbolístico creció lo suficiente para competir de verdad. Canadá, en tanto, volverá a jugar una Copa del Mundo con una generación mucho más visible que la de otros ciclos.
Para los tres países, organizar el Mundial no será solo un evento deportivo. También será una vitrina política, turística, económica y cultural.
