La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva abre un abanico de dudas que se suponían despejadas hasta antes de las elecciones con el eventual triunfo de Flavio Bolsonaro que predecían las principales encuestas y casas de apuestas como Polymarket.
Brasil es el principal socio comercial chileno en América Latina y el tercero a nivel mundial. Por eso, las decisiones económicas y diplomáticas del nuevo mandato tendrán consecuencias que trascienden sus fronteras.
La primera señal de una crisis en Brasil que podría afectar a la ya desgastada economía chilena llegó desde los mercados. Durante la mañana de este lunes 26 de octubre, el Ibovespa registraba una caída del 16,88% a las 10:46, hora de Brasilia, hasta los 170.431 puntos. La bolsa activó una suspensión temporal de operaciones mediante el mecanismo de circuit breaker, tras alcanzar una pérdida del 10%.
Analistas consultados por Estadão atribuyeron el movimiento al desarme de posiciones de inversionistas que esperaban una victoria de Flávio Bolsonaro y a las dudas sobre la trayectoria del gasto y la deuda pública. La reacción expresa una revisión abrupta de expectativas; su efecto duradero dependerá de las señales fiscales y políticas del Gobierno.
Para Chile, el riesgo más directo tiene relación con nuestras exportaciones. En 2025, las ventas a Brasil incluyeron US$2.232 millones en cátodos de cobre y US$754,9 millones en salmones frescos o refrigerados. Una desaceleración brasileña podría reducir la demanda brasileña, mientras una depreciación persistente del real encarecería las importaciones en dólares para sus compradores. El impacto potencial alcanzaría también a proveedores de vinos y otros alimentos.
Respecto de las inversiones, SUBREI registra un stock de inversión chilena en Brasil cercano a US$18.350 millones, con datos hasta 2024. Un real debilitado puede reducir el valor en dólares de los resultados obtenidos en ese mercado; tasas elevadas y menor actividad también podrían presionar las operaciones. La exposición varía entre empresas según sus deudas, ingresos y coberturas cambiarias.
Existe además un posible canal financiero: una retirada general de capitales desde América Latina podría presionar al peso y a los activos chilenos. Asimismo, un real más barato podría abaratar ciertos productos brasileños importados por Chile, dependiendo de los contratos y del comportamiento del dólar, afectando la balanza comercial entre ambos países.
La incertidumbre económica coincide con controversias electorales. Lula obtuvo el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. El TSE reconoció una suspensión temporal en la recepción de boletines de urna, mientras la Cámara informó de dificultades de transporte y una extensión judicial del horario de votación en parte de las mesas. Esas incidencias requieren explicaciones sobre su alcance, para los cuales el ex candidato Bolsonaro ha hecho una denuncia para impugnar las elecciones, pero los más de 4 millones de votos de diferencia hacen casi imposible remontar el resultado.
También está en trámite otra acción presentada por Bolsonaro por presunto abuso de poder económico y uso indebido de medios digitales vinculados a la campaña oficialista. El TSE solicitó precisar las acusaciones y aportar archivos probatorios, aclarando que admitir la investigación no supone reconocer la veracidad de lo denunciado.
En el plano geopolítico, Chile tiene intereses concretos que proteger. El Corredor Bioceánico Vial, impulsado junto con Brasil, Paraguay y Argentina, busca conectar el interior sudamericano con los puertos del norte chileno. Una crisis política prolongada o diferencias entre gobiernos podrían retrasar infraestructura y coordinación fronteriza. La continuidad de los compromisos brasileños, en cambio, ofrecería una oportunidad para consolidar el proyecto.
El desafío para Santiago será mantener una relación pragmática: defender sus exportaciones e inversiones, sostener la cooperación regional y preservar autonomía ante eventuales disputas diplomáticas. El riesgo para Chile aumentaría si la turbulencia financiera se transforma en deterioro económico persistente o si la polarización bloquea acuerdos. Las primeras decisiones del nuevo mandato permitirán evaluar si esos escenarios se materializan.