Fiesta de Cuasimodo, una de las tradiciones religiosas más antiguas y representativas de la zona central de Chile, quedó en el centro de una nueva controversia política luego de que el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, anunciara su intención de solicitar formalmente que esta actividad sea discontinuada en la comuna.
En Concejo Municipal, el jefe comunal aseguró que el municipio ha recibido denuncias relacionadas con el estado de algunos caballos utilizados durante las actividades, además de situaciones de consumo de alcohol, problemas de seguridad y deterioro del espacio público.
“Vamos a presentarle al equipo del Templo Votivo una solicitud formal como municipio para que en lo posible esta actividad se descontinúe en la comuna”, afirmó Vodanovic.
El anuncio, sin embargo, abre una discusión que va más allá de la regulación de una actividad específica: ¿hasta dónde puede llegar la intervención del poder político sobre las tradiciones religiosas y culturales de una comunidad?
Maltrato animal o el fin de una tradición
El alcalde justificó su postura señalando que el municipio habría recibido videos de caballos en malas condiciones, presuntamente golpeados y expuestos a extensas jornadas y altas temperaturas.
“Hemos recibido distintos videos de caballos en muy malas condiciones, siendo golpeados por sus dueños, expuestos a altas temperaturas, a jornadas muy largas de calor y a condiciones que no son las ideales para que un animal pueda estar”, sostuvo.
Se trata de denuncias graves que, de comprobarse, evidentemente deben ser investigadas y sancionadas.
Sin embargo, para sectores críticos de la decisión municipal surge una pregunta evidente: ¿la respuesta frente a eventuales infracciones debe ser perseguir a los responsables y establecer mecanismos de fiscalización o derechamente buscar terminar con una tradición centenaria?
La diferencia no es menor.
La propia propuesta planteada por Vodanovic contempla como alternativa la implementación de mayores regulaciones y fiscalizaciones. Pero su primera declaración apuntó directamente a buscar que la actividad se descontinúe en Maipú.
Para sus defensores, la Fiesta de Cuasimodo no es simplemente una actividad recreativa ni una concentración cualquiera en el espacio público. Se trata de una expresión de religiosidad popular profundamente vinculada a la historia de Chile y a las comunidades católicas de la zona central.
La Iglesia y sus tradiciones vuelven al centro del debate
La controversia ocurre además en un contexto especialmente sensible para las comunidades cristianas del país.
Durante las manifestaciones iniciadas en octubre de 2019, decenas de iglesias y lugares de culto fueron atacados, vandalizados, saqueados o incendiados. Un informe internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos señaló que, durante ese período de protestas y disturbios, más de 60 iglesias católicas y evangélicas fueron vandalizadas, saqueadas o quemadas.
Por su parte, organismos vinculados a la Iglesia y antecedentes expuestos ante el Congreso registraron decenas de templos afectados durante los primeros meses de la crisis social, incluyendo iglesias católicas y evangélicas.
Las imágenes de iglesias incendiadas durante ese período quedaron grabadas en la memoria colectiva, entre ellas la destrucción de la Iglesia de La Asunción y los ataques contra la Iglesia de la Veracruz en Santiago.
Ambos casos fueron posteriormente objeto de procesos judiciales relacionados con los daños sufridos durante las movilizaciones.
Casi 300 iglesias incendiadas: una cifra que reabre el debate
En 2025, una investigación periodística difundida a través del documental “Ardieron en Silencio” contabilizó 296 establecimientos religiosos incendiados en Chile entre 2013 y 2024.
El catastro fue construido a partir de antecedentes obtenidos desde Carabineros, la PDI, registros de prensa, datos de la Conferencia Episcopal y antecedentes recopilados en la Macrozona Sur. La investigación advierte, además, que Chile no cuenta con un catastro oficial único sobre los ataques incendiarios contra lugares de culto.
Es importante precisar que esas 296 iglesias no corresponden exclusivamente al período del estallido social. El registro incluye incendios ocurridos durante más de una década y en distintos contextos, particularmente en la Macrozona Sur.
Sin embargo, el fenómeno ocurrido desde octubre de 2019 sí dejó un número significativo de ataques contra templos y símbolos religiosos. La Fiscalía Nacional, en su informe estadístico sobre el estallido social, registró causas vinculadas a incendios de iglesias dentro del período analizado.
Para sectores que defienden la libertad religiosa, estos antecedentes forman parte de un problema más amplio: la creciente vulnerabilidad de las iglesias y comunidades de fe frente a la violencia, la hostilidad y la indiferencia política.
¿Regulación o persecución de las tradiciones religiosas?
Aquí es donde el caso de Maipú adquiere una dimensión política.
Las denuncias de maltrato animal deben investigarse. Si existen personas golpeando animales, incumpliendo normas sanitarias o poniendo en riesgo a terceros, corresponde identificar a los responsables y aplicar las sanciones correspondientes.
Pero la decisión de poner en duda la continuidad completa de una tradición religiosa puede abrir otro debate. Porque una cosa es fiscalizar otra es sancionar y otra muy distinta es utilizar las irregularidades eventualmente cometidas por algunos participantes como argumento para buscar la desaparición de una actividad histórica.
La Fiesta de Cuasimodo forma parte del patrimonio cultural y religioso de la zona central y representa una tradición que durante generaciones ha sido transmitida por familias y comunidades.
Por eso, la discusión en Maipú podría transformarse en un nuevo capítulo del conflicto entre una mirada política ideologizada que privilegia la regulación y falta de fiscalización —e incluso la eliminación— de determinadas expresiones tradicionales y quienes consideran que el Estado y las municipalidades tienen el deber de proteger la libertad religiosa y el patrimonio cultural, corrigiendo los abusos sin destruir las tradiciones.