Más de uno de cada cinco jóvenes chilenos de entre 25 y 34 años no está trabajando ni estudiando. La cifra volvió a colocar en la discusión pública a los llamados “ninis”, pero los datos detrás del concepto muestran un fenómeno bastante más complejo que el que su nombre suele sugerir.
El Barómetro Laboral y Previsional de agosto de 2026, elaborado por el Centro de Investigación de Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo (CIES UDD) y la Asociación de AFP a partir de información del INE, situó en 21,6% la proporción de personas de 25 a 34 años que no estudian ni trabajan durante el trimestre mayo-julio.
Es el nivel más alto registrado desde comienzos de 2023 y representa un aumento de 1,7 puntos porcentuales frente al mismo trimestre del año pasado. Entre las personas de 18 a 24 años, en cambio, la proporción alcanzó 17,3%.
La cifra ha sido presentada durante los últimos días como un nuevo aumento de los “ninis” en Chile. Sin embargo, la misma investigación contiene un dato que obliga a mirar el indicador con mayor cuidado: el 41% de quienes están en esa situación entre los 25 y 34 años está desempleado y buscando activamente un trabajo.
Es decir, una parte importante no se encuentra fuera del mercado laboral porque haya decidido no incorporarse a él, sino porque busca un puesto que todavía no consigue.
No estudiar ni trabajar no significa no querer hacerlo
La expresión “nini” agrupa bajo una misma categoría situaciones que pueden ser muy distintas.
De acuerdo con la definición internacional utilizada por la OCDE, las personas NEET (por sus siglas en inglés) son aquellas que no participan en empleo, educación ni capacitación. Dentro de ellas pueden encontrarse tanto personas desempleadas que están buscando trabajo como personas inactivas que no lo están buscando, por razones que pueden incluir responsabilidades familiares u otras circunstancias.
Ese matiz aparece con claridad en los datos chilenos.
Según explicó la directora ejecutiva de CIES UDD, Daniela Leitch, a The Clinic, durante el último año se sumaron cerca de 37 mil personas de entre 25 y 34 años a esta categoría y más de tres cuartas partes de ese aumento corresponde a personas desocupadas.
Entre el 59% restante que aparece como inactivo, la mayoría son mujeres y cerca de la mitad se encuentra fuera del mercado laboral por razones familiares, según señaló Leitch. El indicador, por lo tanto, también captura problemas relacionados con compatibilizar empleo, estudios y responsabilidades de cuidado.
El fenómeno adquiere otra dimensión al observar qué está ocurriendo con el empleo entre los mismos grupos de edad.
En doce meses, el número de personas ocupadas de 25 a 34 años cayó en casi 112 mil, según el Barómetro. Su tasa de ocupación descendió desde 74,4% hasta 72,6%, quedando incluso por debajo del 72,8% registrado antes de la pandemia.
El aumento de jóvenes que no estudian ni trabajan, por lo tanto, coincide con un deterioro significativo de sus oportunidades laborales.
Cerca de 135 mil jóvenes ocupados menos en un año
Al ampliar el análisis al grupo entre 18 y 34 años, la caída se vuelve todavía más visible.
Durante el trimestre mayo-julio había cerca de 135 mil jóvenes ocupados menos que un año antes, equivalente a una disminución de 4,7%. La contracción acumula ya más de un año y medio de variaciones anuales negativas.
Y no se trata principalmente de empleos informales.
De los aproximadamente 135 mil puestos perdidos en doce meses, 85.600 correspondían a empleo formal, es decir, cerca del 63% del total. El Barómetro advierte además que esta pérdida tiene consecuencias previsionales, porque aumenta el riesgo de que personas en las primeras etapas de su vida laboral acumulen períodos sin cotizaciones.
Las cifras específicas por edad también muestran una presión considerable. Según datos del INE recogidos por The Clinic, durante mayo-julio la tasa de desocupación llegó a 23,5% entre las personas de 15 a 24 años y a 12,2% entre quienes tienen entre 25 y 34 años.
El deterioro se produce además dentro de un mercado laboral que enfrenta dificultades más generales.
El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informó que la tasa de desocupación nacional alcanzó 9,5% durante mayo-julio, 0,8 puntos porcentuales más que un año antes. Las personas desocupadas aumentaron 10,4%, mientras las ocupadas disminuyeron 0,2%.
La discusión ocurre justo cuando el Gobierno de José Antonio Kast prepara un nuevo “plan de emergencia laboral”, luego de haber desplegado durante el invierno medidas como subsidios a la contratación y programas de inversión destinados a acelerar la creación de puestos de trabajo.
El desafío parece especialmente pronunciado entre las generaciones más jóvenes.
Los datos no permiten concluir que todas las personas clasificadas como “ninis” enfrenten la misma situación ni que el crecimiento del indicador responda exclusivamente al desempleo. Pero sí muestran que reducir el fenómeno a jóvenes que simplemente no estudian ni quieren trabajar entrega una imagen incompleta.
Una parte importante está buscando empleo activamente. Otra permanece fuera del mercado laboral por responsabilidades familiares. Y todo ocurre mientras los puestos disponibles para los menores de 35 años disminuyen, especialmente aquellos de carácter formal.
El 21,6%, entonces, no habla únicamente de educación o de decisiones individuales.
También refleja qué tan capaz está siendo la economía chilena de incorporar a una generación que intenta pasar de los estudios al trabajo, mantenerse empleada o regresar a un mercado laboral que hoy ofrece menos puestos que hace un año.