La política alemana recibió este domingo un verdadero terremoto electoral. La Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo alrededor del 44% de los votos en Sajonia-Anhalt, según las primeras proyecciones, y quedó a apenas unos escaños de conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento regional.
El resultado no solo constituye una victoria histórica para la formación liderada en la región por Ulrich Siegmund. También representa un desplome para los partidos tradicionales y una nueva señal del creciente rechazo de una parte del electorado alemán hacia el establishment político, a la social democracia y al globalismo.
La AfD habría conseguido entre 39 y 41 escaños, dependiendo de la proyección considerada, mientras la mayoría absoluta se sitúa en torno a los 42. La CDU, principal fuerza del gobierno regional, quedó relegada a aproximadamente un 18%, menos de la mitad del respaldo obtenido por la AfD.
El cordón sanitario, frente a las urnas
Durante años, los principales partidos alemanes han mantenido un denominado Brandmauer —muro de contención— para impedir que la AfD llegue al poder mediante acuerdos políticos.
El resultado de Sajonia-Anhalt pone esa estrategia nuevamente contra las cuerdas.
La AfD no necesita ser el partido más votado: ya lo es por una distancia abrumadora. El problema para el resto de las fuerzas políticas es cómo impedir que ese respaldo electoral se traduzca en poder institucional.
La CDU, el SPD, Los Verdes y Die Linke han descartado cooperar con la formación, dejando al Parlamento regional ante el complejo escenario de construir una mayoría alternativa.
La excepción potencial es el BSW, la formación de Sahra Wagenknecht, que se encuentra en torno al umbral del 5% necesario para ingresar al Parlamento y podría terminar siendo decisiva para la formación del próximo gobierno.
El castigo a la CDU
Uno de los datos más significativos de la elección no está solamente en el crecimiento de AfD, sino en el derrumbe de la CDU.
El partido conservador, que actualmente encabeza el gobierno regional, habría caído hasta aproximadamente el 18%, perdiendo más de la mitad de su representación parlamentaria.
El resultado refleja un desplazamiento de votos desde el centro tradicional hacia una formación que ha hecho de la inmigración, la seguridad, el rechazo al euro y una política exterior más cercana a Rusia algunos de sus principales ejes.
La elección también registró una participación especialmente alta, cercana al 77%, lo que debilita cualquier explicación basada simplemente en la abstención. Análisis iniciales indican que AfD consiguió movilizar a numerosos antiguos abstencionistas y también captar votantes provenientes de la CDU.
La derecha dura deja de ser marginal
El resultado de Sajonia-Anhalt confirma algo que la política alemana lleva años intentando contener: AfD ya no puede ser tratada como un fenómeno marginal del sistema político.
La formación fue segunda en las elecciones federales de 2025 y ahora consigue cerca de la mitad de los votos en un estado federado alemán.
La magnitud del resultado obliga a mirar más allá de Sajonia-Anhalt. La propia dirigencia de AfD ya interpreta la elección como un paso hacia el poder nacional y hacia las elecciones federales de 2029.
Al mismo tiempo, las autoridades alemanas mantienen una caracterización especialmente severa sobre la formación. La rama regional de AfD ha sido clasificada por los servicios de inteligencia interna como organización de extrema derecha confirmada.
Alemania frente a un nuevo escenario
La pregunta ya no es si AfD tiene apoyo electoral. Los resultados demuestran que lo tiene, y en una magnitud que pocos habrían previsto hace algunos años.
El desafío para el resto de los partidos es determinar si el aislamiento político seguirá siendo suficiente para contenerla o si, por el contrario, terminará aumentando su capacidad para presentarse ante los electores como la única alternativa al sistema establecido.
Sajonia-Anhalt queda ahora en el centro de esa disputa.
Con un 44% de los votos y a pocos escaños de la mayoría absoluta, AfD ha conseguido su mayor victoria regional y ha llevado a la política alemana hasta un territorio desconocido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El resultado no significa todavía que la AfD vaya a gobernar en solitario. Pero sí deja una señal imposible de ignorar: el muro construido para mantenerla fuera del poder comienza a mostrar grietas en las urnas, donde la socialdemocracia parecía imposible de destronar