Hay fechas que permanecen en la memoria política de un país. El 4 de septiembre de 2022 es una de ellas. Chile derrotaba por segunda vez a las fuerzas que intentaron destruir las instituciones democráticas y liberales que se han construido a lo largo de la historia nacional.
Ese día, Chile fue convocado a decidir si reemplazaba su Constitución por un nuevo texto de 388 artículos que pretendía establecer un nuevo marco institucional, social, económico y territorial para el país.
La respuesta de las urnas fue categórica: 7.882.238 personas votaron Rechazo, frente a 4.860.093 que optaron por el Apruebo. El resultado fue de 62% contra 38%.
No fue una diferencia estrecha. Tampoco fue un resultado que pudiera atribuirse exclusivamente a un sector político. Con voto obligatorio, más de 13 millones de personas concurrieron a las urnas y la propuesta fue rechazada transversalmente en prácticamente todo el territorio nacional.
Pero ¿qué fue lo que Chile rechazó?
Una Constitución que proponía cambiar profundamente las reglas del juego
El proyecto presentado por la Convención no era una simple modificación de la Constitución vigente. Proponía una transformación de importantes dimensiones.
fueron innumerables los aspectos de la propuesta que causaron ruido en los votantes que rechazaron. Uno de los puntos que generó mayor controversia fue la declaración de Chile como un Estado plurinacional e intercultural, junto con el reconocimiento de diversos pueblos y naciones indígenas y la incorporación de un pluralismo jurídico, eliminando la igualdad ante la ley.
Para sus defensores, aquello significaba reconocer una realidad histórica y otorgar derechos largamente postergados. Para sus detractores, en cambio, abría interrogantes sobre la igualdad ante la ley, la unidad del Estado y la existencia de distintos sistemas de justicia dentro de un mismo territorio. La plurinacionalidad fue, efectivamente, uno de los asuntos que concentró buena parte de la discusión pública previa al plebiscito.
Otro cambio relevante estaba en la arquitectura del poder político.
La propuesta eliminaba el Senado y lo reemplazaba por una Cámara de las Regiones, modificando profundamente la estructura del Congreso y eliminando los contrapesos que dan estabilidad a la democracia. También otorgaba nuevas atribuciones a las regiones y comunas, dentro de un modelo de Estado regional.
Para algunos, aquello representaba una descentralización necesaria. Para otros, suponía una alteración excesiva del equilibrio institucional que había caracterizado al sistema político chileno.
Derechos sociales: una promesa que también generó dudas
El texto constitucional consagraba un amplio catálogo de derechos sociales, incluyendo salud, educación, vivienda, seguridad social, agua, incluso el derecho al ocio, entre otros derechos que debían ser garantizados por el Estado, sin contar con financiamiento, ni la administración adecuada. Además tampoco tomaba en cuenta las consecuencias legales, sociales e institucionales que tendría constitucionalizar determinadas obligaciones estatales.
En paralelo, el proyecto introducía cambios relevantes en materia económica, medioambiental y de recursos naturales, lo que alimentó las dudas de quienes temían que algunas de sus disposiciones afectaran la inversión privada, el crecimiento económico o la seguridad jurídica.
La propiedad privada, por ejemplo, continuaba siendo reconocida, pero bajo un régimen distinto al establecido en la Constitución vigente, particularmente respecto de la forma de determinar y pagar las indemnizaciones en casos de expropiación, dejando al arbitrio del burócrata de turno la definición del precio a pagar y por lo tanto, desprotegiendo el derecho de propiedad.
Estos debates económicos fueron señalados durante la campaña como uno de los grandes puntos de controversia del proyecto.
El factor que no estaba escrito en la Constitución: la propia Convención
Pero reducir el Rechazo exclusivamente al contenido del texto sería incompleto.
La Convención Constitucional también terminó convirtiéndose en parte de la papeleta.
Elegida en 2021, la Convención estuvo marcada por una composición política muy diferente de la que posteriormente mostrarían las elecciones parlamentarias y presidenciales de ese mismo año. Su funcionamiento, sus enfrentamientos internos y algunas actuaciones de sus integrantes terminaron afectando la percepción ciudadana sobre el proceso.
El comportamiento de determinados convencionales —incluyendo episodios ampliamente difundidos en medios y redes sociales— contribuyó a instalar la percepción de una institución alejada de las prioridades cotidianas de buena parte de los chilenos.
Así, en septiembre de 2022 no solamente se evaluó un documento de cientos de artículos. También se evaluó la confianza en quienes habían tenido la responsabilidad de redactarlo.
Diversos análisis posteriores han señalado precisamente que el resultado fue consecuencia tanto de las características del texto como de la evaluación ciudadana del desempeño de la Convención.
Y Chile estaba preocupado por otras cosas
El plebiscito tampoco ocurrió en el vacío.
Chile llegaba a septiembre de 2022 atravesando un período de fuerte incertidumbre económica y social. Inflación, inseguridad, violencia en La Araucanía, migración irregular y un deterioro de las expectativas económicas formaban parte de las preocupaciones cotidianas.
El gobierno recién iniciado de Gabriel Boric también enfrentaba una caída en sus niveles de aprobación.
Para una parte del electorado, el plebiscito terminó convirtiéndose entonces en algo más que una evaluación constitucional: fue también una oportunidad para expresar descontento con el rumbo político del país.
La campaña estuvo, por tanto, atravesada por dos discusiones simultáneas: qué decía la propuesta y qué significaba políticamente aprobarla. Algunos análisis de la época identificaron precisamente el contexto económico, la inseguridad y la evaluación del gobierno como factores que influyeron en el resultado.
El Monte también dijo Rechazo
En nuestra comuna, el resultado siguió la tendencia nacional.
El Rechazo obtuvo el 61% de los votos en El Monte, convirtiéndose también en la opción mayoritaria entre los electores montinos.
La discusión constitucional llegó a cada barrio, feria, almacén, plaza y reunión familiar. Y finalmente, los vecinos concurrieron a las urnas y entregaron su veredicto.
No fue solamente un voto contra una determinada fuerza política. Para muchos electores fue la decisión de mantener un marco institucional conocido frente a la incertidumbre que generaba una transformación constitucional de gran magnitud.
Cuatro años después: una lección que permanece
El 4 de septiembre de 2022 no terminó con la discusión constitucional. Un año después, Chile volvería a las urnas para pronunciarse sobre una segunda propuesta, esta vez elaborada por un Consejo Constitucional de composición política diferente. También sería rechazada.
Pero el primer proceso dejó una lección particularmente clara:
una mayoría circunstancial puede ganar una elección, pero una Constitución necesita algo más que una mayoría: necesita un amplio acuerdo ciudadano.
El 62% obtenido por el Rechazo demostró que una parte muy importante de Chile no estaba dispuesta a aprobar un cambio institucional de esa magnitud en los términos propuestos.
Cuatro años después, aquella jornada continúa siendo objeto de debate. La batalla cultural no está terminada ni ganada. Pero hay algo que las urnas no dejaron en duda: Chile habló. Y habló fuerte.