Hace menos de tres meses, el Banco Central ya había entregado una advertencia: la economía chilena estaba creciendo menos de lo esperado y la inflación tardaría más en regresar a la meta. Desde entonces, los datos conocidos han vuelto a deteriorar una parte importante de ese diagnóstico.
El próximo miércoles 9 de septiembre, el instituto emisor publicará un nuevo Informe de Política Monetaria (IPoM), después de que en junio redujera su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5%-2,5% hasta 1%-1,75% y elevara a 4,2% su estimación de inflación para diciembre.
Ahora, economistas consultados por La Tercera anticipan una corrección adicional: varios esperan que el nuevo rango quede entre 0,5% y 1%, mientras otros consideran posible una estimación aún menor, entre 0,25% y 0,75%. No se trata todavía de una proyección oficial del Banco Central, sino de estimaciones previas al informe.
La diferencia respecto de junio es que el instituto emisor llega a esta revisión con nuevas evidencias de debilidad en la actividad, pero también con una inflación que, aunque ha disminuido, continúa sobre el objetivo de 3%. Esa combinación reduce el espacio para una respuesta sencilla desde la política monetaria.
Una economía que perdió fuerza
Las nuevas cifras de actividad son el principal argumento detrás de las expectativas de un recorte en la proyección de crecimiento.
Durante el segundo trimestre, el Producto Interno Bruto cayó 0,2% respecto del mismo período de 2025 y no registró crecimiento frente al trimestre anterior una vez corregidos los efectos estacionales. El Banco Central atribuyó la contracción principalmente a la minería, las menores exportaciones y la variación de existencias, mientras que el PIB no minero logró crecer gracias a servicios personales y comercio.
El dato de julio profundizó las dudas. El Imacec retrocedió 1,5% interanual y cayó 1,7% respecto de junio en términos desestacionalizados. Incluso el Imacec no minero disminuyó 0,3% en doce meses. La minería fue la principal responsable del resultado, afectada por menores leyes del cobre, mantenciones y condiciones climáticas adversas, pero también se observaron caídas en servicios e industria.
Es un escenario bastante distinto al que esperaba el mercado a comienzos de año.
La Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central muestra cómo se ha ido corrigiendo esa visión. En marzo, la mediana de los especialistas consultados todavía proyectaba un crecimiento de 2,5% para 2026. En mayo había bajado a 2%, en junio a 1,6% y durante julio y agosto se estabilizó en 1,3%.
Hay, además, una particularidad: la medición de agosto fue publicada el 11 de ese mes, antes de conocerse las cuentas nacionales del segundo trimestre, divulgadas el 18 de agosto, y el negativo Imacec de julio, informado el 1 de septiembre. El IPoM será, por lo tanto, una de las primeras grandes actualizaciones del escenario macroeconómico que incorporará ambos antecedentes.
La inflación baja, pero todavía no desaparece del problema
Si el crecimiento fuera la única variable relevante, la pérdida de dinamismo podría aumentar las expectativas de futuras reducciones de tasas. Sin embargo, el Banco Central tiene como principal objetivo mantener la inflación baja y estable, y los precios todavía muestran señales que llaman a la prudencia.
El IPC aumentó 0,1% en julio, acumuló 2,9% durante los primeros siete meses de 2026 y se ubicó en 3,5% anual. Es una desaceleración significativa frente al 4,3% registrado en junio, pero aún mantiene la inflación por sobre la meta de 3%.
La inflación subyacente, IPC sin volátiles, se encontraba en 3,2% anual, una cifra mucho más cercana al objetivo y que muestra que buena parte de las presiones observadas este año provino de componentes especialmente sensibles a shocks externos, como la energía.
Aun así, las expectativas de las empresas continúan algo más elevadas.
La Encuesta de Determinantes y Expectativas de Precios publicada este jueves por el Banco Central mostró que las empresas esperan una inflación mediana de 4% a doce meses y 3,5% a 24 meses. Al mismo tiempo, reportaron una reducción de sus niveles de venta y un debilitamiento de los márgenes de ganancia.
El Informe de Percepciones de Negocios de agosto ya había identificado un escenario similar: empresas con un desempeño inferior al esperado, consumidores más cautelosos y una demanda más débil, pero todavía enfrentando mayores costos derivados principalmente de combustibles, transporte e insumos.
Es precisamente esa combinación la que complica la lectura. Una demanda debilitada puede reducir las presiones inflacionarias hacia adelante, pero las expectativas y los shocks de costos todavía impiden asumir que el problema de los precios quedó completamente atrás.
El empleo agrega otra señal de debilidad
El mercado laboral tampoco entrega demasiadas señales de fortaleza.
La tasa de desempleo llegó a 9,5% en el trimestre mayo-julio, 0,8 puntos porcentuales por encima de un año antes. La fuerza de trabajo aumentó 0,7%, mientras el número de ocupados disminuyó 0,2% y los desocupados crecieron 10,4%.
Estas cifras complementan el diagnóstico que El Carrerino abordó recientemente al revisar los términos de contratos: las empresas registran menos cartas por necesidades de la empresa, pero eso no se ha traducido en una recuperación del empleo formal.
El propio Banco Central advertía desde junio sobre una “débil creación de empleo”, factor que también estaba limitando las perspectivas para el consumo de los hogares.
El deterioro de actividad y empleo podría aumentar el espacio para reducir la Tasa de Política Monetaria en el futuro. Sin embargo, por ahora el mercado no apuesta por un movimiento inmediato.
Una TPM que seguiría en 4,5%
La tasa se mantiene actualmente en 4,5%, y la Encuesta de Operadores Financieros publicada el 3 de septiembre muestra que la mediana del mercado espera que continúe en ese nivel tanto en la próxima reunión como tres reuniones hacia adelante.
La visión coincide con la mayoría de los economistas consultados por La Tercera: pese a la pérdida de dinamismo de la economía, no esperan que el Banco Central dé señales de recortes inmediatos mientras la inflación permanezca sobre la meta y persistan riesgos externos.
El calendario dejará dos jornadas decisivas. El martes 8 de septiembre se realizará la Reunión de Política Monetaria y, esa misma mañana, el INE publicará el IPC correspondiente a agosto. Un día después, el miércoles 9, el Banco Central presentará su nuevo IPoM.
El dato de inflación de agosto será así una de las últimas piezas disponibles antes de conocer el nuevo diagnóstico.
En junio, el Banco Central enfrentaba una economía debilitada principalmente por sectores asociados a recursos naturales y un shock inflacionario ligado al conflicto internacional y los combustibles. Tres meses después, la actividad acumula nuevas señales de desaceleración, el desempleo es mayor y las propias empresas reportan una demanda más débil.
La inflación, en cambio, ha comenzado a retroceder, pero todavía no lo suficiente como para declarar cerrado el problema.
El IPoM de septiembre deberá mostrar cómo el instituto emisor equilibra ambas fuerzas: una economía que necesita recuperar dinamismo y una trayectoria de precios que aún exige cautela antes de acelerar el relajamiento monetario.