31 Minutos, Los 80 o Diego y Glot fueron creados para vivir en la televisión: ocupar una franja de programación, circular durante algunas temporadas y luego dar paso a nuevos contenidos. Dos décadas después, parte de esas producciones está entrando a una categoría distinta. Ya no solo son programas antiguos, sino documentos de una época que las instituciones culturales chilenas buscan conservar.
El Consejo Nacional de Televisión y la Cineteca Nacional firmaron en agosto un convenio que permitirá recuperar, conservar y digitalizar 248 producciones financiadas por el Fondo CNTV entre 1993 y 2010, una selección que recorre casi dos décadas de ficción, documentales, animación y programación infantil.
Entre las obras incluidas están la segunda y tercera temporada de Los 80, 12 días que estremecieron Chile, El Desquite, Gen Mishima, Justicia para todos, Mira Tú, Réquiem de Chile, Mentes Brillantes, 31 Minutos, Diego y Glot y Tikitiklip.
El objetivo no es únicamente almacenar copias. El acuerdo contempla conservación, digitalización y puesta en valor de los materiales, mientras el CNTV ha planteado que las producciones puedan volver a circular entre la ciudadanía.
El Fondo CNTV existe desde 1993 y ha financiado cientos de proyectos audiovisuales. En su historia aparecen obras que posteriormente ocuparon un lugar reconocible dentro de la cultura popular chilena, desde 31 Minutos hasta Los 80, además de producciones como Sub Terra, Ogú y Mampato en Rapa Nui, Amango y Tikitiklip.
Ahora una parte de ese catálogo comienza a ser tratada también como archivo patrimonial.
Cuando la televisión deja de ser solo programación
La incorporación de programas televisivos al trabajo de la Cineteca amplía una idea que durante años estuvo asociada principalmente al cine.
La institución tiene como misión salvaguardar y difundir el patrimonio cinematográfico y audiovisual chileno. Actualmente conserva más de 23 mil rollos fílmicos y 8 mil materiales en video, además de una plataforma digital con más de 700 películas chilenas disponibles gratuitamente.
En la firma del convenio, Macarena Bello, jefa de Programación y Públicos de la Cineteca, subrayó precisamente ese cambio: la conservación del patrimonio audiovisual, explicó, no se limita a las películas que integran el archivo, sino que incluye distintos formatos y obras concebidas originalmente para la televisión.
La diferencia no es menor.
Durante décadas, buena parte de la televisión fue producida para un consumo inmediato. Los programas se emitían y sus originales permanecían después en canales, productoras o depósitos, muchas veces en soportes que con el paso del tiempo podían deteriorarse o depender de tecnologías de reproducción cada vez menos disponibles.
Digitalizar permite reducir ese riesgo, pero preservar un archivo audiovisual implica más que transformar una cinta en un archivo de video. También requiere identificar los materiales, conservar sus soportes originales, catalogarlos y generar copias que puedan mantenerse accesibles frente a futuros cambios tecnológicos.
La Cineteca ya enfrenta ese desafío con materiales mucho más antiguos que 31 Minutos o Los 80.
Más de 3.000 rollos para reconstruir otra televisión
Desde 2022, la institución mantiene bajo custodia el archivo histórico de UCV-TV, la estación televisiva más antigua de Chile.
La colección está compuesta por más de 3.000 rollos de película de 16 milímetros y sus respectivos guiones, registrados principalmente entre fines de los años 60 y mediados de los 70. Después de un proceso de selección y conservación preventiva, poco más de 500 fueron digitalizados como muestra para investigación y nuevas producciones audiovisuales.
Los registros permiten observar una televisión muy distinta a la actual.
Muchas piezas duran apenas uno o dos minutos y fueron grabadas sin sonido, porque estaban destinadas a acompañar en pantalla la narración en vivo de un locutor. Durante décadas, gran parte de esas imágenes no volvió a emitirse.
Dentro del archivo aparecen momentos reconocibles de la historia chilena y otros aparentemente cotidianos: Pablo Neruda durante su precandidatura presidencial en 1969, la llegada de la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, prisioneros en el Estadio Nacional después del golpe de Estado, combates de Martín Vargas, la inauguración del Metro de Santiago y registros de las calles de Valparaíso.
También existe una grabación de una presentación callejera de Los Jaivas realizada a comienzos de los años 70. La pieza original es una película de 16 milímetros sin sonido que hoy puede consultarse dentro de la plataforma de la Cineteca, aunque su ficha mantiene restricciones para su copia o utilización fuera del sitio.
Ese último punto muestra además que preservar no equivale automáticamente a liberar un contenido en internet.
El convenio entre CNTV y Cineteca plantea que las producciones vuelvan a circular, pero todavía no existe un anuncio que establezca que las 248 obras serán publicadas completas y gratuitamente en línea. Los derechos de autor y de explotación de cada producción siguen siendo un elemento distinto del trabajo de conservación.
Una Cineteca preparada para guardar más
El crecimiento de estos archivos coincide con una expansión mayor de la institución.
Desde marzo de 2025, la Cineteca forma parte del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, integrándose formalmente a la institucionalidad pública encargada del patrimonio del país.
Además, el Estado entregó este año un terreno ubicado en Matucana 573, junto al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, para desarrollar una nueva sede.
El proyecto contempla aproximadamente 5.691 metros cuadrados, con dos salas de cine, mediateca, talleres, depósitos especializados y laboratorios de restauración. Actualmente, la Cineteca funciona en cerca de 1.551 metros cuadrados en el Centro Cultural La Moneda; la nueva infraestructura permitiría triplicar su capacidad de resguardo.
La inversión proyectada supera los $22 mil millones y todavía debe avanzar por sus etapas de diseño y construcción.
En ese contexto, los 248 programas del Fondo CNTV representan algo más que una colección de títulos reconocibles.
Son parte de una discusión que la televisión rara vez enfrentó mientras estaba al aire: qué ocurre con sus imágenes cuando dejan de ser actualidad, cuándo un programa pasa a convertirse en documento histórico y quién se encarga de conservarlo para las generaciones que nunca lo vieron en su emisión original.
El proceso recién comienza. La primera tarea es evitar que las imágenes desaparezcan. La siguiente será determinar hasta qué punto ese patrimonio puede regresar a las pantallas de quienes lo produjeron, lo recuerdan o lo descubrirán por primera vez.
Foto: Carlos yo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0