Julio dejó una paradoja para el turismo chileno. Mientras el país continúa recibiendo bastante menos visitantes extranjeros que hace un año, más de 150 mil brasileños cruzaron la frontera durante el mes, la mayor cantidad registrada en un solo período mensual.
La cifra representa un aumento de 6,9% frente a julio de 2025 y equivale a cerca del 40% de todos los turistas internacionales que ingresaron a Chile durante ese mes, según antecedentes entregados por la subsecretaria de Turismo, María Paz Lagos, a Bloomberg Línea.
El récord aparece, además, en un año complejo para el sector. Durante los primeros siete meses de 2026, las llegadas internacionales acumularon una caída cercana al 19%, arrastradas principalmente por el retroceso de los visitantes argentinos. El mercado brasileño, en cambio, consiguió crecer en pleno invierno y comienza a adquirir un peso económico que va más allá de la cantidad de personas que llegan al país.
La diferencia está también en cuánto gastan y qué actividades realizan durante su estadía.
Un visitante que gasta más
Brasil ya era uno de los principales mercados para el turismo chileno, pero su evolución durante los últimos años ha estado lejos de ser lineal.
En 2024 llegaron 787.036 brasileños. Un año después la cifra descendió hasta 681.649 personas, una caída de 13,4%, de acuerdo con los datos oficiales de Sernatur. El récord registrado este julio muestra, por lo tanto, una recuperación concentrada especialmente en la temporada de invierno.
Pero el atractivo del mercado brasileño para la industria no depende solamente del número de viajeros. Sernatur estima que estos visitantes realizan un gasto promedio diario de alrededor de US$103 y permanecen unas ocho noches en el país, uno de los niveles de gasto más altos entre los principales mercados latinoamericanos.
La Subsecretaría de Turismo entregó a Bloomberg Línea una estimación similar: unos US$800 durante una estadía de siete días, frente a cerca de US$640 que desembolsa en promedio el conjunto de los turistas extranjeros.
Ese dinero tampoco queda concentrado en una sola actividad. La nieve sigue siendo uno de los principales motores del invierno, pero a ella se suman gastronomía, vinos, compras, alojamiento y recorridos por la ciudad.
La presencia ya se siente en sectores específicos de la economía turística. En un reportaje publicado este sábado, La Tercera recogió antecedentes de Cenco Malls y de centros de montaña. Valle Nevado señaló al medio que alrededor del 60% de sus huéspedes son brasileños durante este período, mientras desde Cenco Malls describieron una demanda especialmente fuerte por vestuario, calzado deportivo, vinos, perfumería, cosmética y recuerdos chilenos.
Menos turistas, pero una caída menor en los ingresos
El crecimiento de Brasil cobra mayor importancia cuando se observa lo que está ocurriendo con el resto de la industria.
Durante el primer semestre de 2026, Chile recibió 2.553.723 turistas extranjeros, un 19,4% menos que durante el mismo período del año pasado. La Subsecretaría de Turismo atribuye gran parte del descenso al menor flujo proveniente desde Argentina, especialmente a través de los pasos terrestres.
Sin embargo, el golpe económico habría sido considerablemente menor que la disminución en el número de personas.
Una estimación preliminar del organismo calcula que las divisas asociadas al turismo receptivo disminuyeron alrededor de 7,7% durante el primer semestre. La propia Subsecretaría advierte que se trata de un ejercicio analítico y no de las estadísticas definitivas, pero la diferencia ayuda a explicar el cambio que está experimentando la composición del turismo extranjero.
Mientras un turista argentino tendría un gasto promedio cercano a US$299 por viaje, la estimación sube a US$1.385 entre quienes llegan desde Estados Unidos y a US$1.278 entre los procedentes de Europa.
La estrategia oficial apunta precisamente hacia ese tipo de mercado: visitantes que permanezcan más tiempo y cuyo gasto se distribuya entre alojamiento, alimentación, comercio, transporte y experiencias turísticas, en vez de medir el desempeño exclusivamente por la cantidad de personas que cruzan la frontera.
Brasil ocupa una posición particular dentro de esa apuesta. Está geográficamente más cerca que los mercados europeos o norteamericanos, posee vuelos directos hacia Santiago y combina un volumen significativo de viajeros con un gasto superior al promedio regional.
Nieve, tipo de cambio y mayor conectividad
El invierno explica buena parte del salto de julio.
Después de un comienzo de temporada marcado por la falta de precipitaciones, las nevadas de julio permitieron la apertura y normalización de las operaciones en los principales centros de esquí de la zona central. La montaña ofrece además una ventaja difícil de replicar en Brasil: nieve a pocos kilómetros de una gran ciudad, combinada con viñas, gastronomía y comercio.
A eso se agregó un factor financiero.
Según la serie diaria del Banco Central de Chile, el real brasileño se transaba en torno a $165 chilenos a comienzos de enero y durante julio superó los $180 en distintas jornadas. En términos simples, cada real permitió comprar más pesos chilenos que al inicio del año, haciendo relativamente más conveniente el viaje para quienes reciben sus ingresos en moneda brasileña.
La conectividad también puede convertirse en un factor cada vez más relevante.
El 22 de julio, la Junta de Aeronáutica Civil informó que Chile y Brasil acordaron eliminar las últimas restricciones existentes para las aerolíneas designadas de ambos países. El entendimiento permite operar servicios de pasajeros y carga sin restricciones de rutas ni frecuencias y amplía los derechos de tráfico disponibles.
La medida ocurrió demasiado tarde como para explicar el récord registrado durante el mismo julio, pero puede facilitar una expansión futura de las conexiones entre ambos mercados.
El récord no resuelve el año
El auge brasileño, sin embargo, todavía no alcanza para hablar de una recuperación completa del turismo receptivo.
Bloomberg Línea reportó que las llegadas internacionales continuaban cerca de 19% por debajo de 2025 durante los primeros siete meses del año. Guillermo Prieto, presidente de la Asociación Chilena de Gastronomía, señaló además al medio que el gasto de turistas en alimentos y bebidas había caído cerca de 20% durante el primer trimestre y continuaba débil en los meses siguientes.
La comparación con 2025 también exige cautela. El año pasado Chile recibió más de seis millones de turistas extranjeros, la mayor cifra desde 2017, impulsada especialmente por un fuerte crecimiento de las llegadas argentinas. Esa base elevada hace que parte de la caída de 2026 responda también a la dificultad de repetir un año excepcional.
El Gobierno apuesta a que un mayor gasto por visitante permita compensar parte de ese retroceso. Según explicó Lagos a Bloomberg Línea, la meta es cuadruplicar durante los próximos cuatro años la inversión privada anual destinada al turismo, desde unos US$400 millones registrados en 2025, y sumar 100 mil empleos relacionados con la actividad.
En ese escenario, los más de 150 mil brasileños que llegaron durante julio representan algo más que un buen mes para los centros de esquí. Muestran hacia dónde intenta moverse una parte de la industria: depender menos de récords construidos únicamente sobre el número de visitantes y atraer mercados capaces de permanecer más tiempo y repartir su gasto en una cadena más amplia de actividades.
Por ahora, Brasil está ayudando a amortiguar la caída. La pregunta es si el fenómeno podrá extenderse más allá de la nieve y convertirse en un flujo capaz de sostener al turismo chileno durante el resto del año.
Foto: Jimmy Baikovicius / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.