La presencia de buques, submarinos, aeronaves, infantes de marina y unidades del Ejército en la zona austral coincidió esta semana con un nuevo roce diplomático entre Chile y Argentina por la soberanía del Estrecho de Magallanes.
Aunque la simultaneidad despertó interpretaciones sobre una posible respuesta militar chilena, los antecedentes disponibles muestran que se trata de operaciones anuales, planificadas con anterioridad y que comenzaron antes de las declaraciones del jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Javier Valverde.
La controversia se originó luego de que el alto mando trasandino abordara la importancia estratégica del extremo austral durante una conversación difundida por “La Fábrica del Podcast”.
“Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía”, sostuvo Valverde, quien agregó que Argentina debía mantener presencia en la zona por tratarse de una conexión clave entre los océanos Atlántico y Pacífico.
Sus palabras fueron interpretadas en Chile como una alusión a soberanía argentina sobre espacios reconocidos como chilenos. El Gobierno anunció el envío de una nota de protesta y el canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó que la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes se encuentra respaldada por los tratados suscritos por ambos países en 1881 y 1984.
Sin embargo, cuando las declaraciones de Valverde fueron conocidas el domingo 23 de agosto, parte importante del despliegue militar chileno ya llevaba varias semanas en desarrollo.
Un despliegue iniciado antes de la controversia
La Fuerza de Tarea Anfibia de la Armada comenzó sus operaciones en la zona austral al menos durante la primera semana de agosto. Entre el 7 y el 9 de ese mes, unidades navales efectuaron recaladas en Quellón, Castro y Puerto Montt, antes de continuar su desplazamiento hacia Aysén y Magallanes.
El 10 de agosto, el buque multipropósito Sargento Aldea y la fragata Almirante Williams llegaron a Puerto Chacabuco. Días después, efectivos de la Brigada Anfibia Expedicionaria realizaron tareas de reconocimiento y patrullaje en el sector del lago binacional Palena.
La Armada de Chile informó el 21 de agosto que la fuerza había arribado a la Región de Magallanes y la Antártica Chilena después de navegar por los canales australes y probar equipamiento bajo condiciones de bajas temperaturas.
El despliegue está compuesto por medios de la Escuadra Nacional, Fuerza de Submarinos, Aviación Naval, Infantería de Marina, transportes navales y Fuerzas Especiales. Sus actividades consideran patrullajes, vigilancia, control del tráfico marítimo y entrenamiento en escenarios climáticos adversos.
Las dotaciones también desarrollaron acciones de apoyo en localidades aisladas, incluyendo trabajos de electricidad, enfermería y peluquería en la Escuela Miguel Montecinos de Puerto Edén.
Paralelamente, el Ejército comenzó una nueva versión del ejercicio invernal Jaukén, organizado por la V División en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena. La operación busca comprobar el nivel de alistamiento y la capacidad de las unidades para trabajar en condiciones geográficas y meteorológicas complejas.
Soldados conscriptos del Regimiento N.º 6 Chacabuco, junto a instructores y material logístico, fueron trasladados desde Talcahuano hasta Punta Arenas a bordo de la barcaza LST-92 Rancagua de la Armada.
Según informó el Ejército de Chile, la navegación se extendió durante más de seis jornadas. La duración del viaje confirma que el movimiento de personal y equipamiento comenzó antes de la aparición de la controversia diplomática.
A ello se suma el ejercicio conjunto Karukinka 2026, desarrollado en Tierra del Fuego para entrenar el sostenimiento logístico de una fuerza desplegada en un territorio insular, de grandes distancias y condiciones meteorológicas variables.
Hasta el cierre de esta nota, el Ministerio de Defensa no había relacionado estas actividades con las declaraciones provenientes de Argentina. Tampoco existe evidencia pública de una movilización extraordinaria ordenada como respuesta al conflicto.
Lo comprobado es que Chile tenía fuerzas realizando ejercicios y operaciones en el extremo austral cuando las palabras de Valverde instalaron una nueva controversia sobre el Estrecho de Magallanes.
La cooperación militar que continúa pese al roce
En paralelo a los despliegues chilenos, las armadas de Chile y Argentina desarrollan el ejercicio binacional Viekarén XXVI en las aguas del Canal Beagle.
La operación fue coordinada formalmente el 12 de junio en Puerto Williams, más de dos meses antes del conflicto. Las actividades se programaron entre el 24 y el 28 de agosto e incluyen entrenamiento en búsqueda y rescate marítimo, protección de la vida humana, control del tráfico y combate contra la contaminación.
Viekarén, que significa “confianza” en lengua yagán, se realiza desde 1999 y funciona como una instancia destinada a fortalecer la coordinación entre las instituciones navales de ambos países.
La Armada de Chile informó en junio que las delegaciones de ambos países habían firmado las actas de planificación y acordado los procedimientos operativos y logísticos.
Su realización durante la controversia muestra las dos dimensiones de la relación bilateral. Por una parte, existe un conflicto diplomático por declaraciones que Chile consideró improcedentes. Por otra, permanecen activos los mecanismos de cooperación militar y respuesta ante emergencias en el extremo sur.
La Cancillería argentina buscó reducir la tensión mediante un comunicado oficial publicado el 25 de agosto.
En el documento, Buenos Aires afirmó que su posición sobre el Estrecho está determinada por el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que “rigen plenamente y son considerados definitivos” por Argentina. También reafirmó el valor estratégico de su cooperación con Chile en el Atlántico Sur y la Antártida.
El texto no reprodujo las palabras de Valverde ni señaló directamente que el jefe militar hubiera cometido un error, pero reiteró el compromiso argentino de tratar las diferencias mediante los canales institucionales.
El Tratado de Paz y Amistad de 1984 establece el límite entre ambas soberanías en el extremo oriental del Estrecho de Magallanes mediante una línea entre Punta Dungeness y el cabo del Espíritu Santo. La soberanía chilena se extiende al oeste de ese límite y la argentina al este.
El acuerdo también ratifica lo dispuesto en 1881: el Estrecho permanece neutralizado y con libre navegación asegurada para las embarcaciones de todas las naciones.
No es la primera vez que una formulación argentina sobre la zona austral provoca una reacción chilena. En 2021, una directiva de defensa trasandina incluyó una referencia a la “exploración, estudio y control conjunto” del Estrecho y el Mar de Hoces. Chile presentó una nota de protesta y Argentina posteriormente reconoció la necesidad de corregir esa formulación.
El nuevo episodio volvió a instalar un asunto especialmente sensible para ambos países. Sin embargo, los antecedentes militares disponibles no permiten hablar de una escalada armada ni de una respuesta operacional chilena.
Los ejercicios continúan porque estaban en el calendario de las Fuerzas Armadas. La controversia, en cambio, se mantiene hasta ahora en el terreno diplomático, mientras las instituciones navales de Chile y Argentina siguen trabajando juntas en las aguas del Canal Beagle.
Imagen referencial. Las embarcaciones Angamos y Casma de la Armada de Chile realizan maniobras tácticas en el Estrecho de Magallanes, en marzo de 2010. Foto: Daniel Barker / U.S. Navy / Wikimedia Commons.