Los retiros de dinero desde los bancos rusos se han acelerado durante los últimos meses, en medio de una creciente desconfianza hacia el sistema financiero y del temor de algunos ahorrantes a que el Kremlin pueda adoptar medidas sobre los depósitos privados para financiar el esfuerzo de guerra en Ucrania.
Según datos del Banco Central de Rusia citados por The Washington Post, cerca de 286.400 millones de rublos, unos US$3.400 millones, fueron retirados durante las primeras dos semanas de agosto. A esa cifra se suman aproximadamente US$7.300 millones retirados en julio y más de US$4.500 millones en junio.
La tendencia se extiende desde comienzos de año. Euronews informó que cerca de 24.400 millones de euros salieron del sistema bancario ruso durante los primeros siete meses de 2026, mientras cinco de los siete mayores bancos del país registraron salidas netas de depósitos de personas.
Entre las entidades más afectadas aparecen Gazprombank, Rosselkhozbank y Alfa-Bank. De acuerdo con los antecedentes recogidos por Euronews, Gazprombank perdió alrededor de 299.500 millones de rublos en depósitos durante cuatro meses, mientras Rosselkhozbank registró una caída superior al 15% de sus depósitos.
El aumento en la demanda por efectivo ocurre en paralelo a un deterioro del escenario económico ruso y a un incremento de la incertidumbre provocada por la guerra. Ataques ucranianos contra refinerías, infraestructura energética y centros logísticos han profundizado las preocupaciones sobre la estabilidad de la economía y la capacidad del Gobierno para financiar un conflicto que ya se extiende por más de cuatro años.
Parte del temor se relaciona con la posibilidad de que Moscú pueda intervenir depósitos privados o imponer restricciones a los retiros. Alexandra Prokopenko, exasesora del Banco Central ruso, dijo a The Washington Post que la salida de dinero refleja una pérdida de confianza en el sistema financiero, aunque consideró improbable una nacionalización generalizada de los depósitos. No descartó, sin embargo, que las autoridades pudieran imponer límites a los retiros si las tensiones aumentaran.
Hasta ahora no existe un anuncio oficial del Gobierno ruso que contemple confiscar o nacionalizar de forma generalizada los depósitos bancarios de la población. El temor se alimenta, en parte, de otras intervenciones estatales sobre activos privados: fiscales rusos reportaron que durante el último año miles de millones de dólares en bienes fueron transferidos al control del Estado.
Las empresas también están buscando reducir su exposición. Más de US$9.400 millones salieron de Rusia durante el segundo trimestre de 2026, según datos del Banco Central citados por el medio estadounidense.
La fuga de depósitos también está generando presión sobre los propios bancos. Ejecutivos y exfuncionarios citados por The Washington Post advierten problemas de liquidez en algunas instituciones, justo cuando el Gobierno depende cada vez más del sistema financiero para colocar deuda pública y cubrir un déficit creciente.
El déficit presupuestario ruso acumulado entre enero y julio llegó a 6,46 billones de rublos, superando ampliamente la previsión inicial para todo el año. Al mismo tiempo, el crecimiento económico se ha debilitado: el PIB avanzó apenas 0,3% durante el primer semestre de 2026, frente al 1,2% registrado durante el mismo período de 2025, de acuerdo con cifras oficiales rusas recogidas por Euronews.
El escenario no implica por sí solo una crisis bancaria inmediata, pero sí revela una mayor cautela entre hogares y empresas rusas. Mientras una parte de la población prefiere mantener efectivo fuera del sistema, el Gobierno enfrenta el desafío de sostener el gasto militar, financiar el déficit y evitar que la desconfianza se transforme en una presión aún mayor sobre los bancos.