En 2007, Belén Soto tenía diez años y llegaba al set de Papi Ricky para interpretar a Alicia, la hija del personaje de Jorge Zabaleta. Diecinueve años después vuelve al mismo universo, pero esta vez no solo frente a las cámaras: también es una de las productoras responsables de llevar la historia al cine.
Papi Ricky: La película reunirá nuevamente a Soto, Zabaleta y María Elena “Mane” Swett, retomando a personajes que se instalaron en la televisión chilena durante la segunda mitad de los 2000. Su estreno en Chile está fijado para el 27 de agosto. La cinta es dirigida por Sebastián Schindel y tendrá una duración de una hora y 33 minutos.
Pero el regreso ocurre en circunstancias muy distintas a las de la teleserie original. En una entrevista publicada este martes por Revista Ya de El Mercurio, Soto y Swett no solo recuerdan la ficción que las unió: también reflexionan sobre cómo cambiaron sus vidas, la industria audiovisual y su propia relación con los personajes.
La cercanía entre ambas sobrevivió al final de la teleserie. Después de grabarla mantuvieron una amistad que, según cuentan, se extendió durante años pese a sus respectivas carreras y períodos viviendo fuera de Chile. Parte de aquella dinámica incluso conserva algo de la relación entre Alicia y Catrala: Swett reconoce que todavía guarda sentimientos maternales hacia Soto.
La película surgió precisamente desde una llamada de Belén. Soto, que comenzó a desarrollar proyectos como productora después de los 22 años y ha trabajado entre Chile, México y España, encabezó junto a Patricio Ochoa el intento por recuperar los personajes para una continuación cinematográfica.
El salto tampoco estuvo libre de tropiezos. En la entrevista, Soto recuerda que su primera experiencia como productora terminó en fracaso y pérdida de dinero. La experiencia, dice, la llevó a formarse también en áreas menos visibles de la producción audiovisual, como contabilidad, impuestos y finanzas.
Ahora Papi Ricky será su primera película de ficción como productora que llegue comercialmente a salas.
Para Swett, en cambio, el proyecto representa un regreso más ambiguo. Tras terminar de grabar su última teleserie en 2023, la actriz comenzó a alejarse de la televisión y a concentrar buena parte de su vida fuera de Chile. Su vuelta a Catrala no viene acompañada, al menos por ahora, de un anuncio sobre una nueva etapa permanente frente a las cámaras.
“No sé si estoy volviendo a actuar o despidiéndome del oficio. Por ahora, estoy aquí solo por la película”, reconoce en la conversación con Revista Ya.
De la maquinaria de las teleseries a una película independiente
El regreso de Papi Ricky también refleja cuánto cambió la industria que hizo posible la ficción original.
En 2007, Canal 13 todavía mantenía una estructura dramática capaz de levantar grandes producciones televisivas con equipos, estudios y presupuestos propios. La película, en cambio, tuvo que construirse desde una lógica independiente.
Soto explica en la entrevista que Canal 13 facilitó el acceso a la propiedad intelectual de Papi Ricky y colaboró con infraestructura, pero que el canal no financió ni produjo la nueva cinta. El equipo tuvo que levantar el presupuesto y organizar la producción bajo un modelo distinto al que había dado origen a la teleserie.
Ese cambio ocurre además en una industria donde la relación entre actores y público también se transformó. Swett recuerda una época anterior a Instagram, TikTok y la exposición cotidiana en redes sociales, cuando el contacto con quienes seguían una teleserie llegaba principalmente mediante encuentros presenciales, fotografías y cartas.
Algunas de esas cartas provenían de niños que agradecían ver en televisión a Ricky, un padre soltero dedicado a criar a su hija. Para Swett, uno de los elementos que distinguieron a la teleserie fue precisamente mostrar configuraciones familiares que entonces tenían una presencia menos habitual en la ficción televisiva.
La nueva película actualiza esa misma relación familiar.
Alicia ya no es la niña de diez años que dependía de Ricky. Ahora regresa desde España para presentar al hombre con quien quiere casarse, provocando nuevamente el enfrentamiento entre su padre y Catrala. La sinopsis oficial señala que ambos terminarán dejando atrás sus antiguas diferencias ante la decisión de su hija.
El paso del tiempo desplaza así el conflicto: si la teleserie giraba alrededor de un padre criando a una niña, la película aborda a padres que deben aceptar que esa hija creció, puede construir su propia vida y eventualmente tomar decisiones con las que ellos no estén de acuerdo.
También existe una apuesta evidente por la nostalgia, pero Soto insiste en que no se buscó simplemente rehacer la teleserie. La intención fue retomar a los mismos personajes y preguntarse dónde estarían casi dos décadas después.
Ese salto temporal también alcanza a buena parte de quienes vieron Papi Ricky originalmente. Los niños y adolescentes que siguieron la teleserie en 2007 son hoy adultos, mientras sus protagonistas llegan a la historia desde etapas completamente distintas de sus vidas.
El 27 de agosto, cuando la cinta llegue a los cines chilenos, la prueba será precisamente esa: saber si una historia nacida en la televisión abierta de 2007 todavía puede movilizar a su público casi dos décadas después, esta vez frente a una pantalla de cine.