Agosto comenzó con un país cansado. Esa fue la palabra escogida por el 30% de las personas consultadas en la última edición del estudio 5C de Cadem para describir cómo se sintieron durante la semana anterior.
Más atrás quedaron el optimismo, con 19%; la tristeza, con 9%; el miedo y la sensación de estar contento, ambas con 8%; la soledad y el aburrimiento, con 6% cada una. Apenas un 3% escogió la felicidad y solo un 1% dijo sentirse enérgico.
Al agrupar las respuestas, los sentimientos negativos alcanzaron el 62%, el nivel más alto de la serie iniciada en septiembre de 2024. Las emociones positivas, en cambio, descendieron a 35%, también su peor registro desde el comienzo de la medición.
El estudio fue realizado el 3 de agosto mediante una encuesta web aplicada a 700 personas mayores de 18 años, pertenecientes a distintos niveles socioeconómicos y regiones del país. La muestra fue ponderada por zona, género, edad y grupo socioeconómico, y presenta un margen de error de 3,4 puntos porcentuales.
Se trata de una fotografía del estado de ánimo y no de un diagnóstico sobre la salud mental de la población. Sin embargo, la continuidad de la tendencia entrega una señal difícil de ignorar: durante los últimos meses, Chile se ha declarado progresivamente menos optimista, menos feliz y más cansado.
El deterioro que comenzó en abril
A comienzos de 2026, los sentimientos positivos todavía se acercaban a los negativos. En febrero, un 47% de las personas escogía emociones positivas y un 50% se inclinaba por las negativas. Desde entonces, la distancia comenzó a ampliarse.
Las emociones negativas llegaron a 54% en marzo, subieron a 58% en abril, alcanzaron 59% en mayo y se ubicaron en 61% durante julio. En agosto marcaron el actual 62%. En el mismo periodo, las respuestas positivas retrocedieron desde 44% en marzo hasta 35% en la última medición.
La comparación interanual permite descartar que el resultado responda únicamente al invierno o al agotamiento habitual de esta parte del año. En agosto de 2025, los sentimientos negativos llegaban a 54% y los positivos a 45%. Doce meses después, la distancia entre ambos grupos aumentó en 18 puntos.
El estudio también consulta por los niveles generales de felicidad y estrés. En febrero de 2026, un 43% se consideraba muy o bastante feliz y un 29% se declaraba muy o bastante estresado. La relación se invirtió en abril y no ha vuelto a recuperarse.
En agosto, la felicidad llegó a 34%, tres puntos menos que el estrés, que alcanzó 37%. Este último indicador se encuentra nueve puntos por encima del registrado en el mismo mes de 2025.
Los resultados no permiten establecer qué produjo el cambio. La encuesta tampoco demuestra que la situación económica sea la causa directa del deterioro emocional. Pero dentro del mismo estudio aparece una trayectoria que avanza prácticamente en paralelo: la evaluación que las personas hacen de su propio bolsillo.

Cuando el sueldo alcanza, pero no sobra
Solo un 36% entregó una evaluación positiva a su situación económica personal, el nivel más bajo desde comienzos de 2024. Al separar los componentes, un 39% calificó favorablemente la situación económica propia y de su familia; un 30%, su posibilidad de comprar bienes y servicios; y apenas un 25%, su capacidad de ahorrar o invertir.
La posibilidad de pagar deudas o créditos presentó una cifra algo mejor, con 46%, pero también se mantuvo en terreno negativo.
La evaluación de la economía familiar alcanzaba 49% en febrero. Desde entonces descendió de manera sostenida hasta llegar al actual 39%. En otras palabras, incluso entre quienes logran cumplir con sus obligaciones, cada vez son menos los que sienten que cuentan con un margen para consumir o guardar dinero.
La percepción coincide con un mercado laboral que continúa mostrando dificultades. La tasa de desocupación nacional llegó a 9,4% durante el trimestre marzo-mayo de 2026, un aumento de 0,5 puntos en doce meses, según el Instituto Nacional de Estadísticas.
Las personas desocupadas aumentaron 6,9% en un año, mientras quienes buscaban trabajo por primera vez crecieron 16,4%. La tasa que reúne desempleo y trabajo a tiempo parcial involuntario llegó a 15,8%, y la ocupación informal se ubicó en 27%.
El problema no termina al conseguir un empleo. La Encuesta Suplementaria de Ingresos mostró que durante 2025 la mitad de las personas ocupadas recibió $680.000 mensuales o menos. La mediana fue de $701.985 entre los hombres y de $600.253 entre las mujeres, una diferencia que también muestra que la presión económica no se distribuye de la misma manera.
Una segunda medición, elaborada por Mutual de Seguros de Chile junto con Cadem y la Universidad Adolfo Ibáñez, encontró que la inestabilidad laboral y económica fue mencionada entre los principales temores por el 55% de las personas. La cifra aumentó 20 puntos respecto de 2025 y alcanzó su mayor nivel desde que comenzó ese estudio en 2020.

Las cifras que parecen contradecir el malestar
El panorama, sin embargo, tiene matices. No todos los indicadores económicos se han deteriorado.
Las remuneraciones reales, aquellas ajustadas por el costo de la vida, aumentaron 3,2% en doce meses hasta mayo. Por otro lado, el Informe de Endeudamiento 2025 de la Comisión para el Mercado Financiero mostró que la deuda mediana disminuyó 16,9% y llegó a $1.680.453.
La proporción del ingreso mensual destinada al pago de obligaciones financieras también bajó desde 13,6% hasta 11,9%. El sobreendeudamiento, definido como destinar más de la mitad de los ingresos al pago de deuda, retrocedió desde 16,5% a 14,1% de los deudores.
Estas cifras no invalidan el malestar descrito por las encuestas. Los datos de endeudamiento corresponden a obligaciones informadas por instituciones supervisadas y no reflejan, necesariamente, gastos cotidianos, deudas informales o la preocupación por perder el empleo. Tampoco una mejora promedio significa que todos los hogares hayan experimentado el mismo alivio.
La inflación, además, continúa reduciendo parte de la recuperación de los ingresos. En junio, el IPC no registró variación mensual (marcó 0,0%), aunque acumuló un alza de 2,8% en el año y de 4,3% en doce meses.
El Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 a un rango de entre 1% y 1,75%. En su Informe de Política Monetaria de junio, el organismo explicó que el consumo de los hogares enfrenta fundamentos más débiles debido a la creación insuficiente de empleo, el impacto de la inflación sobre los ingresos reales y el deterioro de las expectativas.
El contraste ayuda a entender por qué la percepción de las personas puede empeorar aun cuando determinadas cifras muestran avances. La tranquilidad económica no depende únicamente de cuánto se debe o cuánto subió el salario, sino también de la seguridad de conservar ese ingreso, de encontrar trabajo en caso de perderlo y de poder enfrentar un gasto inesperado.

Sentirse cansado no equivale a estar enfermo
La otra precaución necesaria está en distinguir el estado de ánimo de la salud mental.
El 62% registrado por Cadem no significa que seis de cada diez chilenos tengan depresión o algún trastorno psicológico. La encuesta pregunta por la emoción predominante durante la semana anterior y agrupa bajo la categoría negativa sensaciones diferentes, como cansancio, tristeza, miedo, soledad, aburrimiento y enojo.
El último Termómetro de Salud Mental Achs-UC, levantado durante 2025 con instrumentos utilizados en investigación clínica, entregó un cuadro distinto. Un 12,7% de la población adulta urbana mostró indicios generales de problemas de salud mental, la cifra más baja desde 2020. Al mismo tiempo, un 25,8% presentó síntomas moderados o severos de ansiedad y un 19% declaró sentirse frecuentemente solo o excluido.
Las dos mediciones no son directamente comparables: utilizan preguntas, muestras, periodos e instrumentos diferentes. En conjunto, no obstante, muestran que la disminución de ciertos problemas clínicos puede convivir con ansiedad, soledad, estrés y una percepción cotidiana de agotamiento.
La nueva ronda del Termómetro de Salud Mental comenzó a levantarse durante 2026, pero sus resultados todavía no se encuentran disponibles. Hasta entonces, la encuesta de Cadem funciona como una alerta sobre el clima emocional, no como una radiografía médica del país.
Chile no necesariamente está enfermo, pero sí se declara cansado. El deterioro del ánimo coincide con meses de mayor desempleo, menor capacidad de ahorro, inflación persistente y expectativas económicas más débiles. Ninguno de estos antecedentes, por sí solo, explica el fenómeno. Juntos, sin embargo, dibujan un país que cumple con sus obligaciones, pero siente que cada vez cuenta con menos espacio para proyectarse.
Imagen generada con Inteligencia Artificial. El Carrerino 2026.