La estación científica Concordia, ubicada en el interior de la Antártida oriental, registró una temperatura de −84,1 °C, el valor más bajo medido en el planeta desde 2012.
La medición se produjo el pasado 18 de julio y fue alcanzada en dos ocasiones, a las 06:25 y a las 06:34, hora local. Los antecedentes fueron proporcionados a la revista científica Live Science por el Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor, que administra la estación junto con el Programa Nacional Italiano de Investigación Antártica.
Concordia se encuentra a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar y a alrededor de 1.000 kilómetros de la costa. Durante el invierno austral, la zona permanece varios meses sin luz solar y presenta una atmósfera especialmente seca y estable.
Estas condiciones, sumadas a la ausencia de nubes, facilitan que el calor acumulado en la superficie escape hacia el espacio y que las temperaturas desciendan a niveles extremos. Aunque durante esta época del año los registros pueden ubicarse por debajo de los −80 °C, superar los −84 °C sigue siendo un fenómeno poco frecuente.
Gabriele Carugati, jefe de la estación por parte del programa antártico italiano, explicó a Live Science que incluso en un lugar donde se espera un frío intenso, alcanzar temperaturas inferiores a los −84 °C resulta relevante para estudiar la variabilidad atmosférica del continente.
El valor registrado en julio quedó cerca del mínimo histórico de Concordia, correspondiente a −84,7 °C y medido durante el invierno de 2010, de acuerdo con los datos del Observatorio Meteorológico y Climatológico Antártico Italiano.
La medición, sin embargo, no corresponde al récord absoluto de temperatura más baja registrada directamente en la Tierra. Esa marca continúa en manos de la estación rusa Vostok, también ubicada en la Antártida, donde el termómetro descendió hasta los −89,2 °C el 21 de julio de 1983, según el archivo oficial de la Organización Meteorológica Mundial.
La estación Concordia es considerada uno de los centros científicos más aislados del mundo. Durante el invierno no puede recibir vuelos ni suministros, por lo que sus equipos permanecen incomunicados durante varios meses.

Además de las investigaciones sobre meteorología, astronomía, sismología y composición atmosférica, la base también es utilizada para estudiar los efectos físicos y psicológicos del aislamiento prolongado. La Agencia Espacial Europea ha comparado sus condiciones con las que enfrentan las tripulaciones en misiones espaciales de larga duración.
Los especialistas advierten que una temperatura extrema registrada en un lugar y momento determinados no permite establecer por sí sola una tendencia climática general. El cambio climático se analiza mediante series prolongadas y observaciones de distintas regiones, mientras que episodios puntuales de frío o calor corresponden a fenómenos meteorológicos específicos.
Foto: NASA / Michael Studinger / Wikimedia Commons (dominio público).