La alta demanda por ver La Odisea en IMAX llevó a las cadenas a abrir nuevas fechas y extender la programación. En Cinépolis, la película superó durante su primer fin de semana las ventas IMAX obtenidas por Oppenheimer y ya acumulaba más de 20 mil entradas entre boletos utilizados y preventas para las semanas siguientes, según informó la gerenta de Programación de la compañía, Giovanna Escuti, a ADN.
Cinemark también amplió sus funciones ante el interés del público. La cadena concentró sus exhibiciones IMAX en el complejo de Mallplaza Vespucio, donde incluso preparó material conmemorativo exclusivo para quienes asistieran a ver la película en ese formato.
El entusiasmo confirma que existe un público dispuesto a pagar por una experiencia cinematográfica distinta. Al mismo tiempo, deja en evidencia una limitación: en Chile existen actualmente solo dos salas IMAX operativas y ambas están en Santiago.
Dos salas para todo Chile
Las únicas alternativas se encuentran en Cinépolis Mallplaza Egaña y Cinemark Mallplaza Vespucio. Ambos complejos aparecen reconocidos en el directorio oficial de IMAX y ofrecen una experiencia de imagen y sonido superior a la de una sala convencional.
Sin embargo, ninguna puede exhibir La Odisea en IMAX 70 milímetros, el formato de película utilizado por Nolan y disponible únicamente en un grupo reducido de cines alrededor del mundo.
Según la información oficial de IMAX, La Odisea fue filmada completamente con cámaras de película de la compañía, convirtiéndose en el primer largometraje estrenado bajo esas condiciones. En las salas equipadas con proyectores IMAX de 70 milímetros, la imagen se presenta con una relación de aspecto expandida de 1.43:1, que muestra más información en la parte superior e inferior del encuadre.
Las salas chilenas proyectan una versión IMAX digital. Esto no significa que sean salas falsas ni que la experiencia sea equivalente a una función tradicional: mantienen pantallas de gran tamaño, una geometría específica y un sistema de sonido diseñado para el formato. Pero no reproducen la copia en celuloide de 70 milímetros ni la totalidad de la imagen concebida para las salas más grandes.
La diferencia puede parecer demasiado técnica, pero La Odisea consiguió que se transformara en parte de la conversación. El público ya no pregunta solamente dónde ver la película, sino qué cine tiene IMAX, qué sala ofrece una mejor proyección y por qué Chile no dispone de la versión considerada ideal por su director.
El problema es todavía mayor fuera de la capital. Un espectador de Valparaíso, Concepción, La Serena o cualquier otra ciudad debe elegir entre verla en un formato alternativo o viajar hasta Santiago para acceder a una de las dos salas disponibles.
Cuando el formato también vende entradas
El caso de La Odisea muestra cómo ciertas producciones están convirtiendo nuevamente el estreno cinematográfico en un evento. No basta con esperar a que la película llegue a una plataforma: la pantalla, el sonido y el tipo de proyección forman parte de la promoción y de la experiencia ofrecida al público.
El fenómeno tampoco se limita a Chile. IMAX informó que la película recaudó US$52 millones en sus salas durante el primer fin de semana mundial, estableciendo un récord para una producción filmada íntegramente con sus cámaras de 70 milímetros.
En Chile, la demanda aparece justo cuando comienza a proyectarse una ampliación de la oferta. Mallplaza anunció que la expansión de su centro comercial Trébol, en el Gran Concepción, incluirá una sala IMAX junto con nuevas áreas comerciales y gastronómicas. El proyecto contempla una inversión de US$110 millones, aunque todavía no ofrece una respuesta inmediata al interés generado por la película.
La futura apertura sería la primera posibilidad de acceder al formato fuera de Santiago. También podría servir como una prueba para determinar si existe espacio comercial para llevar estas pantallas a otras regiones.
La Odisea no resolverá por sí sola la falta de infraestructura cinematográfica en Chile. Pero sus funciones llenas y la búsqueda constante de entradas entregan una señal concreta: todavía existe público para las grandes salas. Por ahora, el problema no parece ser encontrar espectadores, sino encontrar suficientes pantallas para recibirlos.
Imagen generada con Inteligencia Artificial. El Carrerino 2026.