La economía chilena volvió a entregar una señal de alerta. El último Imacec, correspondiente a mayo, cayó 0,9% en comparación con el mismo mes del año anterior y consolidó cinco meses consecutivos de actividad en negativo, un dato que aumenta la presión sobre el Gobierno y deja a junio como un mes clave para medir la profundidad del freno económico.
Según informó El País, el resultado acumulado del año llega a una caída de 0,7%, mientras que el primer trimestre ya había registrado una contracción de 0,5%. Por eso, una nueva cifra negativa en junio podría reforzar el escenario de recesión técnica, entendido como dos trimestres consecutivos de retroceso en la actividad.
El dato llega en un momento complejo para La Moneda. En paralelo al menor dinamismo económico, el desempleo subió a 9,4% en el trimestre marzo-mayo, su nivel más alto desde 2021, de acuerdo con cifras del INE consignadas por El País. La combinación de bajo crecimiento y mayor desocupación instala una presión doble: reactivar la economía sin perder de vista el mercado laboral.
El Presidente José Antonio Kast abordó el escenario durante su visita a Paraguay, donde afirmó que Chile atraviesa un momento complejo en materia de Imacec y empleo. El Mandatario sostuvo que el país enfrenta una “enfermedad económica” que afecta la calidad de vida de las personas.
Minería arrastra el resultado
El principal golpe del Imacec de mayo vino desde la producción de bienes, que cayó 4,7% anual. Dentro de ese grupo, la minería fue el factor más determinante: retrocedió 11,6%, especialmente por el desempeño del cobre, según el detalle del Banco Central.
La minería, y en particular el cobre, sigue siendo uno de los pilares de la economía nacional, tanto por su peso productivo como por su impacto fiscal, exportador y territorial. Cuando ese motor se debilita, el efecto se siente en el resultado general.
La caída minera también se suma a un año difícil para el sector. El menor rendimiento de algunas faenas, la presión sobre costos y los desafíos productivos de la gran minería han limitado la capacidad del rubro para empujar el crecimiento, justo cuando el Gobierno intenta instalar una agenda de reactivación económica.
Comercio y servicios resisten, pero no alcanzan
El otro lado del dato está en los sectores que sí crecieron. El comercio anotó un alza anual de 0,8%, impulsado por el comercio minorista y automotor, mientras que los servicios avanzaron 1,0%, con apoyo de áreas como salud y educación, de acuerdo con el reporte citado por El País.
La lectura, sin embargo, es mixta. Que comercio y servicios sigan en terreno positivo muestra que la economía no está completamente detenida, pero también evidencia que esos sectores no han sido suficientes para compensar el retroceso de minería y producción de bienes.
El Imacec no minero creció 0,7% en términos anuales, pero en la serie desestacionalizada cayó 0,3% respecto del mes anterior. Ese matiz importa: sin minería, la economía todavía muestra algo de movimiento, aunque con señales de pérdida de fuerza.
Por eso junio se volvió el dato a mirar. Si la actividad logra repuntar, el Gobierno tendrá espacio para defender que mayo fue un tropiezo arrastrado por sectores específicos. Pero si vuelve a marcar negativo, el debate económico podría escalar desde una mala racha de indicadores hacia una discusión más profunda sobre recesión técnica, empleo y efectividad de las medidas de reactivación.