Antes de vestir a Lady Gaga, antes de trabajar en Nueva York y antes de entrar a uno de los circuitos más exigentes de la moda internacional, Diego Cajas era un niño de Puente Alto que observaba el mundo desde la diferencia.
Esa diferencia, según relata en una entrevista publicada por Revista Ya, no siempre fue amable. El diseñador chileno recuerda una infancia marcada por la timidez, el bullying y la sensación de no calzar del todo con su entorno. Pero también reconoce que esa misma incomodidad terminó convirtiéndose en una fuente creativa.
Hoy, Cajas aparece como uno de los nombres chilenos que ha logrado entrar en una zona especialmente difícil de la industria: el vestuario de performance, celebridades y cultura pop global.
A fines de mayo dejó Luar, la marca neoyorquina donde trabajó durante cinco años. Antes de partir, diseñó un look personalizado para Lady Gaga y Doechii, utilizado en el video “Runway” para el segmento “El Diablo viste a la Moda”. Desde su departamento en Nueva York, el diseñador conversó con Revista Ya sobre ese proceso, su relación con el oficio y el deseo de volver a construir una obra más propia.
De Puente Alto a Nueva York
En la entrevista, Cajas cuenta que creció en Puente Alto, en una familia de clase media, con madre dueña de casa, padre camionero y un hermano mayor. Su acercamiento a la moda comenzó temprano, viendo programas como America’s Next Top Model y experimentando con ropa de segunda mano, costuras y pantalones ajustados en una adolescencia donde la expresión personal también era una forma de resistencia.
“Creo que Puente Alto se refleja mucho en mi trabajo cuando viene la modestia y lo austero”, dice en Revista Ya. El diseñador vincula su imaginario con la calle, la basura, la delincuencia, lo latino y lo masculino, elementos que no intenta borrar, sino transformar en parte de su lenguaje visual.
Su camino formativo no fue lineal. En 2013 entró a Pedagogía en Artes Visuales en la UMCE, pero no continuó. Al año siguiente ingresó a Diseño de Vestuario en Inacap, donde comenzó a desarrollar la marca personal que todavía conserva.
Ese tránsito entre oficio, intuición y aprendizaje técnico aparece como una de las claves de su obra. Cajas habla de patronaje, arquitectura, moldaje y construcción de prendas como si se tratara de armar un cuerpo nuevo desde piezas milimétricas.
La obsesión por el detalle
Uno de los momentos más potentes de la entrevista aparece cuando el diseñador describe su relación con la perfección. “Tengo una fijación por lograr lo perfecto”, afirma. Cajas lo dice como una manera de entender su trabajo: repetir una manga siete veces si es necesario, corregir una curva, insistir hasta que la prenda coincida con la imagen que tenía en la cabeza.
Ese nivel de precisión lo llevó a trabajar en piezas de alta complejidad para Luar. En el caso del vestuario para Lady Gaga, Cajas dirigió parte del proceso de construcción, diseñó el patronaje, coordinó pruebas y trabajó con costureros y sastres. Según relata, fue un proyecto desafiante por los tiempos acotados, pero también especialmente satisfactorio por la posibilidad de ver el resultado en movimiento.
Su experiencia con Gaga no fue la primera. En 2025 ya había trabajado en vestuario para la artista durante Saturday Night Live y el Super Bowl, cuando la cantante participó en el show de medio tiempo de Bad Bunny.
En la entrevista, el diseñador también menciona a Doechii y Vanessa Olvido, además de referirse a su paso por la moda de lujo y a la construcción de prendas como un proceso donde el detalle no es adorno, sino estructura.
Volver sin retroceder
Tras dejar Luar, Cajas no habla de pausa definitiva, sino de cambio de dirección. Dice estar cansado de trabajar para otros universos y querer dedicar más energía al suyo. También expresa su deseo de hacer más cosas para Chile y colaborar desde un lugar más personal.
“Necesito mi país, necesito mi comida, a mis amigos, a mi familia”, señala hacia el final de la entrevista.
Su historia conecta con una conversación más amplia sobre el lugar de los creadores chilenos en industrias globales. No se trata solo de “triunfar afuera”, sino de cómo se negocia la identidad cuando el talento local entra en espacios donde todavía pesan las barreras de clase, origen, idioma y territorio.