Un nuevo acuerdo entre autoridades del Biobío y Neuquén busca impulsar la integración energética entre ambos territorios, con una idea de fondo: aprovechar el gas argentino de Vaca Muerta y proyectar a la región chilena como una posible plataforma de salida hacia el Pacífico.
Según informó Diario Financiero, la firma de la Declaración Conjunta del Corredor de Integración Pichachén apunta a potenciar infraestructuras de oleoducto y gasoducto desde Vaca Muerta, además de reforzar el comercio terrestre por el paso fronterizo entre ambas regiones. La proyección más ambiciosa es instalar a futuro una plataforma de licuefacción en el Biobío, permitiendo transformar gas argentino en Gas Natural Licuado (GNL) para su exportación hacia Asia-Pacífico.
El punto es relevante porque Vaca Muerta, ubicada en la provincia argentina de Neuquén, se ha transformado en una de las principales apuestas energéticas de Sudamérica. Argentina busca pasar de importar energía a convertirse en exportador regional y global, mientras Chile mira ese suministro como una oportunidad para mejorar costos, seguridad energética y competitividad industrial.
El Biobío aparece en ese mapa por una razón concreta: su infraestructura portuaria, industrial y energética. La región cuenta con puertos, redes logísticas y experiencia en operaciones vinculadas a energía, lo que podría convertirla en un punto estratégico si el proyecto avanza más allá de la declaración política.
De hecho, no es la primera vez que Biobío y Neuquén exploran este camino. En 2024, el Gobierno Regional del Biobío informó que ambas regiones suscribieron un convenio para trabajar en integración e intercambio energético, incluyendo reuniones con ENAP, terminales portuarios, empresas regionales y gremios. En esa oportunidad, las autoridades ya hablaban de aumentar la importación de gas y promover desarrollo comercial entre ambos territorios.
El nuevo acuerdo se inscribe en una tendencia más amplia. En los últimos años, Argentina ha buscado reactivar y ampliar sus exportaciones energéticas a Chile, especialmente desde Vaca Muerta. En 2025, Pampa Energía informó el inicio de exportaciones de gas natural hacia la Región del Biobío a través del Gasoducto del Pacífico, proveniente del yacimiento Sierra Chata, en la cuenca neuquina.
Pero el proyecto también tiene antecedentes que obligan a mirar con cautela. Chile ya vivió una crisis de confianza con el gas argentino en la década de 2000, cuando los recortes de suministro golpearon a industrias y generadoras. Más recientemente, en abril de 2026, BioBioChile reportó que Chile activó protocolos de seguridad para suspender temporalmente la recepción de gas desde Argentina por el Gasoducto del Pacífico, luego de detectar que el combustible no cumplía ciertos parámetros exigidos por la normativa chilena.
Ese antecedente no elimina el potencial del acuerdo, pero sí recuerda que la integración energética requiere más que voluntad política: necesita contratos firmes, normas claras, calidad técnica del suministro, inversiones, capacidad portuaria y confianza de largo plazo.
Para Argentina, la salida al Pacífico podría ser una ventaja estratégica. La mayor parte de sus proyectos de GNL miran hoy hacia el Atlántico, especialmente desde la costa de Río Negro, donde YPF ha impulsado iniciativas para exportar gas licuado junto a socios internacionales. Sin embargo, una alternativa por Chile permitiría abrir una ruta más directa hacia Asia.
Para Chile, el interés está en otro punto: acceder a gas competitivo, fortalecer polos industriales como el Biobío y eventualmente participar en una cadena de exportación energética de mayor escala.
Por ahora, la Declaración del Corredor de Integración Pichachén no equivale a que el proyecto esté construido ni financiado. Es más bien una señal política y económica: Biobío y Neuquén quieren dejar de verse solo como regiones separadas por la cordillera y comenzar a operar como un corredor productivo.
Si la iniciativa avanza, el Biobío podría jugar un rol clave en una nueva etapa de integración energética entre Chile y Argentina.
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