Es irónico pensar que la única real certeza de la vida es que en algún momento experimentaremos la muerte, tanto la propia como la de algún ser significativo, por lo que el duelo es un proceso transversal a los seres humanos, pero es importante distinguir que el duelo no es solo la respuesta natural ante la perdida de un ser querido, sino que también ante cualquier perdida significativa como la partida de una mascota, rupturas, cambios de vida o pérdidas simbólicas.
Una pérdida simbólica es aquella en la que no hay una muerte, pero sí la desaparición de algo muy importante en la vida de la persona. Puede ser el fin de una relación, la pérdida de un trabajo, cambios en la salud, mudanzas o proyectos que no se concretan. Implica soltar expectativas, roles, identidades o formas de vida, y también puede generar un proceso de duelo con emociones intensas. El duelo suele transitar por etapas como la negación, ira, negociación, tristeza y aceptación, aunque no ocurren en orden ni de forma lineal, pudiendo volver a cualquiera de ellas aun cuando sientas que ya estas aceptándolo.
Puede afectar emociones, cuerpo y pensamiento, pues funcionamos como un todo integrado donde el corazón, el cuerpo y la mente se comunican entre sí. Validar lo que se siente y escuchar nuestro propio dolor, es esencial a la hora de hacer un tránsito sano del duelo, ya que de no expresar las emociones que estamos sintiendo, lo más probable es que lo reprimido se exprese en el cuerpo, a través de síntomas físicos o enfermedades o bien a través del comportamiento y la interacción social, llevándote a la apatía y a un deterioro de la salud mental como consecuencia de su no procesamiento. Sostener rutinas, buscar apoyo y definir nuevos propósitos en la vida es clave para poder reaprender cómo es vivir con estas pérdidas.
Si el malestar persiste o incapacita, es importante consultar con un profesional ya que el duelo puede volverse algo patológico cuando la respuesta de duelo se intensifica, se mantiene en el tiempo y afecta de forma significativa el funcionamiento cotidiano. Esto es llamado también duelo complicado o prolongado.
A diferencia del duelo esperable, la persona queda “atrapada” en el dolor, en lugar de aprender a vivir con el mismo. Suele implicar anhelo persistente por la pérdida, dificultad para aceptar lo ocurrido, sensación de vacío o falta de sentido, evitación de recordatorios o, por el contrario, una preocupación constante. Puede haber aislamiento, alteraciones del sueño y del apetito, culpa excesiva o ideas de muerte. el diagnóstico de duelo prolongado se da cuando estos síntomas persisten por varios meses (habitualmente más de 6 a 12 meses) y generan deterioro social, laboral o personal. En estos casos, es importante la evaluación y el acompañamiento profesional.
En @Terapia_Renacer hay un espacio reservado para ti, para que podamos trabajar sobre este y otros temas que puedan estar afectando tu salud mental. “El dolor puede suceder como un proceso individual pero su sanación siempre es con otros”

Columna por Carolina Plaza
Psicóloga Clínica
Web: www.caroplaza.com
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