La realidad virtual está comenzando a ser observada como una herramienta con potencial para enfrentar la soledad y el aislamiento social en adultos mayores, un problema que ha ganado mayor visibilidad en los últimos años por su impacto en la salud mental y la calidad de vida. Así lo plantea un artículo reciente de Ex-Ante, que pone el foco en experiencias tecnológicas orientadas a personas mayores.
El interés por este uso de la tecnología no surge solo desde el periodismo o la innovación, sino también desde la investigación académica. Una revisión sistemática publicada en 2025 concluyó que las intervenciones con realidad virtual en personas de 60 años o más pueden contribuir a reducir tanto la soledad como el aislamiento social, aunque advierte que la calidad de la evidencia todavía es desigual y que se necesitan más estudios comparables.
De acuerdo con ese análisis, parte del valor de la realidad virtual está en que permite generar experiencias inmersivas que pueden ampliar la estimulación emocional, recrear espacios de interacción y ofrecer actividades que, en algunos casos, ayudan a disminuir la sensación de desconexión.
Otra revisión de 2025 sobre programas de realidad virtual aplicados en personas mayores también observó efectos positivos en variables de bienestar, participación y salud emocional, aunque remarcó que los resultados dependen bastante del tipo de contenido utilizado, del contexto de aplicación y del acompañamiento que reciba cada usuario.
En ese sentido, el tema no debiera abordarse como si la tecnología reemplazara el vínculo humano, sino más bien como una herramienta complementaria. Esa es, probablemente, la lectura más prudente: la realidad virtual puede abrir nuevas posibilidades de estimulación y conexión, pero no resuelve por sí sola las causas sociales del aislamiento en la vejez.
El debate también se conecta con una preocupación más amplia por el envejecimiento y la soledad. La OMS ha señalado que combatir el aislamiento social requiere fortalecer los lazos comunitarios y promover acciones que incidan en la persona, en la comunidad y en la sociedad en su conjunto.
Así, más que una curiosidad tecnológica, la realidad virtual empieza a instalarse como una vía posible para apoyar el bienestar emocional de las personas mayores, siempre que se implemente con sentido, acompañamiento y sin perder de vista que el centro sigue siendo la relación humana.